La falacia de la autoridad papal (y III)

 

Para un católico, el argumento más poderoso a favor de la legitimidad del Santo Padre como cabeza de la Iglesia es la propia voluntad de Cristo, expresada en Mateo 16-18: Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y para darle más autoridad, vamos a repetirla en latín, siguiendo la Vulgata de San Jerónimo. Et ego dico tibi quia tu es Petrus et super hanc petram aedificabo ecclesiam meam et portae inferi non praevalebunt adversum eam

Más claro, agua, al menos al primer vistazo. El problema es que esta sentencia no resiste un segundo vistazo, ya que presenta varias inconsistencias. La primera, es el uso del término Puertas del  Hades o Portae inferi. La cuestión es que el concepto del Infierno como opuesto al Cielo y, en consecuencia, a la Iglesia, no es judío. Los hebreos denominaban Sheol a la morada de los muertos y, como tal, ésta no tenía connotación negativa ni positiva. Simplemente, era el lugar donde estaban. No sentían, ni padecían, porque el judaísmo no tenía conceptos como el del castigo eterno, la salvación o el alma inmortal. Ahí estaban todos, justos y malvados, sacerdotes y sacrílegos. Así, el primer rey de Israel, Saul, pide a la nigromante de Endor que invoque la sombra de Samuel, el profeta que le ungió, porque Yahvé no le escucha. Busca otra voz que le responda, ya que los muertos no están con Yahvé (como en el mito cristiano, donde los justos viven en gracia de DIos y contemplan su rostro), sino en el Sheol.

El término Hades es griego, lo que resulta lógico ya que los evangelios no fueron compuestos en vida de Jesús o de sus seguidores (la autoría de Mateo, Marcos, Lucas y Juan fue un modo de apelar a una autoridad, como los evangelios apócrifos de María, Tomás o Judas) sino en tiempos de la segunda generación de cristianos, pasado ya el alzamiento contra Nerón en el 70 D. C. Es decir, se recopilaron cuando los apóstoles y, en general, los que conocieron y trrataron a Jesús, ya estaban muertos. Podríamos pensar, en consecuencia, que la frase es un añadido de esos años. Pero tenemos otro término interesante: Iglesia.

Ekklesia, el término griego empleado por Pablo de Tarso en sus epístolas, no se refiere a un edificio. Significa asamblea o congregación. No podía ser de otro modo, ya que los paleocristianos no tenían templos propios y se reunían en casas particulares o en catacumbas. Podría pensarse que es una traducción del concepto hebreo haMikdásh (templo), pero ese término, en griego, sería ὁ ναός y, en latín, Templum. El concepto Iglesia en el sentido de edificio es muy posterior, en concreto del siglo IV (oh, sorpresa, los años de Constantino) así que, atendiendo al vocabulario, tenemos que la frasecita de marras podría ser un añadido de la época en la que los obispos de Roma buscaban medios de reafirmar su autoridad.

Hay otra prueba a favor de dicha posibilidad, y es la estructura de la propia sentencia, o mejor dicho, de su núcleo: tu es Petrus et super hanc petram aedificabo ecclesiam meam. Esta curiosa frase es un juego de palabras en latín, intraducible al griego, mucho menos al arameo, ya que sólo la lengua de Virgilio tiene las declinaciones necesarias para construirla. Así pues, ateniéndonos símplemente a la gramática, el nombramiento oficial de Pedro como cabeza de la iglesia es, como mínimo, de dudosa verosimilitud.

Bueno, podríamos decir, a lo mejor esa parte es un añadido posterior pero ¿No hay otras referencias a Pedro en los Evangelios? Las hay, por supuesto, pero como mínimo son extrañas. Como la intervención del apóstol en el Huerto de los Olivos, cortándole una oreja a un criado del sacerdote. Ese párrafo resulta … raro. Es decir, si Pedro trataba de defender a Jesús con una espada, es probable que hiriera a sus captores en los brazos, el vientre, la cara….pero ¿cortar una oreja así, sin más? Si yo lo intentara probablemente me llevaría con ella buena parte de la cara, y además mi víctima recibiría un tajo en el hombro. Pero no, Pedro le corta una oreja, y Jesús hace voila…hop! y se la pega. No me negaréis que la escena, en sí, es surrealista. La única explicación que se me ocurre es que alguien quiso inventarse un milagro final de Jesús y su musa no estuvo muy brillante.

Otra mención muy específica es la del canto del gallo. Pedro sigue a los aprehendedores y se esconde entre los guardias, éstos creen reconocerle, pero el niega tres veces saber nada de Jesús, es más, no sabe de quién le hablan. Esta historia sí parece real, ya que refleja sentimientos muy humanos: fidelidad y miedo. Pero no resulta un bagaje muy impresionante para un futuro pontífice.

Ya tras la resurrección, Jesús se aparece a Pedro, a la orilla dle mar de Galilea, cuando los apóstoles iban a salir a pescar. Según Juan, 21 1-8 El discípulo a quien Jesús amaba dijo entonces a Pedro: «Es el Señor».Cuando Simón Pedro oyó «es el Señor», se puso el vestido -pues estaba desnudo- y se lanzó al mar. Precioso, pero esta historia presenta el problema de que no es Pedro quien reconoce a Jesús, sino el discípulo a quién Jesús amaba, un misterioso personaje que suele identificarse con el propio Juan (lo que dice muy poco de su modestia). Sea quien sea el misterioso discípulo, está claro que no es Pedro el primero que reconoce al maestro, y desde luego no es su predilecto.

Tampoco son los apóstoles los primeros hombres en ver a Jesús, porque antes de aparecerse a los pescadores, se lo encuentran los discípulos de Emaus. Éstos le invitan a cenar y le reconocen por el modo de bendecir la mesa. Si es por primacía de aparición, Pedro no debería ser pontífice, sino el bueno de Cleofás. ¿O no?

En realidad, no, porque la primera persona que se encuentra con Jesús resucitado, que le reconoce y le dirije la palabra, es María de Magdala, la prostituta. La única, por cierto, que no le abandonó en el suplicio, como Pedro, y le acompañó al calvario, mientras todos los apóstoles se escondían. Ella es, fiel hasta después de la muerte, la que acude al sepulcro para preparar el cuerpo de acuerdo a la normas de Dios, mientras Pedro y sus compañeros deciden retomar su trabajo de pescadores. María es además señalada como predilecta por Jesús de forma más que explícita, así que si tuviéramos que atenernos a las pruebas evangélicas, el primer pontífice debería haber sido María. En el mejor de los casos, Simón Pedro, primer obispo de Roma (que nunca lo fue, como vimos en la primera parteí) es un tercerón en cuanto a las preferencias de Jesús, y sus supuestos descendientes en el puesto no tienen, en realidad, más legitimidad que la que emana de las circunstancias, la convenicencia, el poder y la manipulación de los evangelios, editados aquí y allí para justificar con argumentos de fe la simple ambición humana..

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About José Antonio Peñas

Bueno, yo me he pedido las llanuras de Mongolia y el desierto del Gobi en el reparto mundial, así que ya os imaginaréis que no me gustan demasiado las multitudes. En cambio me pirran los dinosaurios, y ese sitio está petadito. Por lo demás soy desastrado, bajito y tirando a feucho, pero enseguida se me coge cariño, como a los gatos callejeros. Al igual que ellos soy aseadito y ocupo poco, se puede decir que soy una persona de bajo impacto. Sexualmente estoy clasificado como lesbiana honoraria y políticamente como stalinista nostálgico. Me gano la vida dibujando y modelando monigotes varios, como dinosaurios (¿he mencionado que me p..? ah, sí, ya lo he mencionado) Y hasta aquí puedo leer. Cuando el mundo esté en mis... nuestras manos, ya pueden echarse a temblar en el Vaticano, porque no hay cardenal que resista mucho tiempo el olor del zotal.

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