Una más, fruto de la casualidad

Ayer tuve conocimiento, a raíz de una entrada publicada por @sovcolor en esceptica.org, que estudios recientes acerca de la habitabilidad del universo sugieren que el porcentaje de estrellas ahí fuera con planetas habitables (entendiéndose habitable en el sentido de tener condiciones ‘similares’ a las de la Tierra) puede ser significativamente mayor a lo que se sabía.

Esta noticia hizo que viniera a mi memoria una reflexión que, no recuerdó dónde exactamente, Carl Sagan hizo acerca de las religiones y su relación con el universo, un motivo más para creer que las éstas no son sino fantasías creadas por el hombre y alejadas de toda realidad.

Una más

Si algo en esta existencia es grande, es el universo. Nuestro planeta es un frágil punto azul flotando en un mar de infinita oscuridad, que, por azares del destino, ha resultado ser apto para la vida.

Pensemos por un momento en la inmensidad del universo. Ahora, multipliquemos esa inmensidad por infinito. Al resultado, añadámosle otro par de infinitos más, y finalmente elevemos todo a infinito. Ni aun así la mente humana es capaz de llegar a asimilar lo grande que es en realidad el universo. Los números lo pueden expresar de forma precisa, pero nuestro cerebro, acostumbrado al orden de magnitud de lo cotidiano, no puede interiorizar esa medida.

El universo es un hervidero repleto de miles de millones de galaxias, donde cada una de ellas puede llegar a albergar miles de millones de estrellas. “Billions upon billions of stars”, decía Carl Sagan.

En realidad da igual que el porcentaje de estrellas tipo solar que pueden albergar planetas potencialmente aptos para la vida sea de un 34%, un 1%, o un 0.1% si cabe. Y es que, una fracción de infinito, sigue siendo infinito, siendo la conclusión inevitable: posiblemente vivimos en un universo repleto de vida. Un espacio donde miles de millones de formas de vida se desarrollan y evolucionan, ajenas a nuestra insigificancia. Un espacio donde millones de civilizaciones han crecido, luchado, y desarrollado ramas del conocimiento que nosotros probablemente nunca lleguemos a concebir.

En suma, dentro del cosmos, no somos más que una de las innumerables especies que seguramente lo habitan. Una entre millones de millones. Si somos especiales, es algo que lo pongo seriamente en duda.

Fruto de la casualidad

El desarrollo de la vida en la Tierra ha sido puramente casual. Si los primeros organismos unicelulares o las primeras moléculas con capacidad autoreplicativa hubieran sido ligeramente distintos a los que finalmente fueron (y eso, en un entorno hostil como la Tierra primigenia, y sujetos a mutaciones, no es difícil de concebir), todas las formas de vida que se hubieran generado a partir de ellos habrían sido infinitamente distintas a las que conocemos hoy día, dada la impredictibilidad del proceso evolutivo.

La aparición del ser humano es casual. Si algo en el pasado remoto del desarrollo de la vida en la Tierra hubiera sido ligeramente distinto, posiblemente no estaríamos aquí. Es más, sin eventos tan fortuitos como el impacto de uno o varios meteoritos hace 65 millones de años (y quien sabe si otros desconocidos todavía por los científicos) y la subsecuente extinción en masa de los dinosaurios, los mamíferos no podrían haberse desarrollado en la línea evolutiva que dió origen al ser humano.

La evolución bológica ha podido guiar inteligentemente nuestro desarrollo y el de otras especies, pero aun así no somos más que una de entre las innumerables posiblidades que ésta ha dado a la naturaleza. Por suerte, nos tocó la lotería. Somos fruto de la casualidad.

Una más, fruto de la casualidad

¿Y por qué es todo lo expuesto anteriormente un problema para las religiones? Porque todas ellas fallan miserablemente a la hora de describir el universo en esos términos. Ninguno de los textos sagrados hablan de las incontables civilizaciones superiores al ser humano que hay allí arriba. Ninguno explica la incoherencia de que, en un universo donde somos lo más bajo de los bajo, el creador haya tenido especial fijación en nosotros. En particular, las que nos tocan más de cerca, las tres grandes monoteístas, se centran en la grandeza de la obra maestra del creador, el ser humano. El ser humano es el centro en torno al cual todo gira. “Dios hizo al hombre”; “Dios envió a su hijo para salvar al hombre”; “En el fin del mundo los hombres que sigan a Cristo serán salvados”. El universo, donde habitan posiblemente millones de especies más inteligentes que nosotros, fue creado para nosotros, que precisamente somos fruto de la casualidad.

Ya (suspiro).

No intenten vender esa versión ingenua y arrogante de la realidad. No somos el centro.

Somos simplemente una especie más, fruto de la casualidad.

One thought on “Una más, fruto de la casualidad

  1. Hola, si analizas el contenido de tu escrito verás que entras en una contradicción fundamental.

    Saludos

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