Las religiones y la muerte; esas aves carroñeras

No le voy a contar ningún secreto; todos nos vamos a morir. Mis seres queridos, los suyos, mis perros, su gato si lo hubiere, usted y yo. Tarde o temprano, esperemos que tarde, a todos nos da por morirnos. No es que sea algo divertido, además es algo muy caro, al menos en Madrid, gracias a la maldita tradición de guardar todos los cuerpos pútridos de nuestros seres queridos en cajas de madera en un parque público. Solo nos queda un consuelo. Saber que, llegado el día que la fría mano de la muerte, esa puta, nos toque para jodernos bien jodidos, habremos vivido lo más plenamente que hayamos podido. Aprovechemos el tiempo, amemos, divirtámonos, logremos ser felices en la medida que nos dejen, o aunque no nos dejen, y disfrutemos del día conocedores de que vamos a morir.

Las religiones también son conscientes de que vamos a morir. Todas ellas se fundamentan justamente en ese temor, que no lo es tanto a la muerte sino a perder a todos los seres que amamos y a causarles el dolor que sabemos que les vamos a causar cuando mordamos el polvo. Y se aprovechan de ese miedo. ¿Qué mejor modo de dominar a masas de personas que un temor tan fuerte como este? Y ya, si le sumamos castigo eterno, redención, pecados, bulas y ritos mágicos en torno a la muerte mejor que mejor. Ya tenemos el pack completo.

En el mismo instante de fallecer una persona, y en muchos casos antes incluso, el olor a cadáver atrae a las aves carroñeras. En España además van de negro, como buenos buitres. Aún con el cuerpo caliente la máquina de obtención de dinero, de uso del sentimiento de culpa para el interés propio y del chantaje emocional a las personas que han perdido a su ser querido se pone en marcha. Misas, que no son gratis, ceremonias por el alma, que no son gratis, y misas aniversario, que tampoco son gratis, es la primera pieza de la lista de la compra. Luego vendrán enterramiento, que en ciudades como Madrid puede suponer 4 ó 5.000€ en un santo lugar, faltaría más, no sea que a usted le de por enterrar a su difunto en su jardín y no podamos sacar tajada de ello y un largo etcétera.

Antiguamente la muerte servía para oprimir a las masas. Las religiones y los estados lo utilizaban como arma psicológica. Ahora no tanto, aunque va por barrios, pero han diversificado el negocio. Ya no solo sirve para dominar a la chusma, también para sacarle hasta el último cuarto en pro del descanso del alma inmortal del ser amado. Porque si el alma fuera mortal no podrían estar haciendo misas aniversario hasta que el que las paga se muriera y volviera a comenzar el ciclo completo.

La muerte es un negocio para las religiones y una fuente de tristeza para las personas. El amor por la persona que se ha ido nos hace ver la muerte con un respeto que no se merece. Moriremos, si. Aprovechemos el tiempo mientras, y llegado ese día sepamos que hemos de seguir adelante (al menos todos menos el difunto).

No nos tomemos la vida en serio porque ninguno va a salir vivo de ella.

2 thoughts on “Las religiones y la muerte; esas aves carroñeras

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  2. El argumento más usual de las sotanas es que su misión es ofrecer consuelo al que sufre, pero yo quisiera saber ¿Qué consuelo supone que un desconocido repita cansinamente unas frases, siempre las mismas, con el mismo tono aburrido y monocorde, como si estuviera poniendo tornillos en una cadena de montaje? Porque, salvo muy raras excepciones, la “consoladora” misa de difuntos parece un impreso burocrático con una línea de puntos al pie y una anotación que rezara “ponga aquí el nombre de su fallecido”

    Al menos las plañideras tradicionales se lo curraban, lloraban, gritaban, se desgarraban las ropas… los curas se limitan a murmurar unas frases sin ganas y poner el cazo, esta vez con mucha gana.

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