Outing en el nombre de algún dios

No puedo entender cómo hay personas homosexuales católicas. Claro que tampoco entiendo que haya mujeres católicas. Es más, donde dice “católicas” puede poner “musulmanas” o “judías” y no habrá cambiado en nada mi percepción. Mientras las mujeres son tratadas como personas de segunda categoría que están supeditadas a las decisiones del macho alfa y que son para estas religiones, básicamente, máquinas de parir y callar, los homosexuales están todavía un escalón más abajo. Son tratados como enfermos cuando no como depravados. En el peor de los casos son perseguidos y asesinados en nombre de la fe y de la naturaleza.

Dentro de la comunidad homosexual católica (o musulmana, judía…) hay dos perfiles diametralmente opuestos. Uno es el de las personas que deciden vivir su sexualidad con normalidad, junto a la persona a la que aman, y a pesar de eso seguir formando parte de una comunidad que les insulta. Y está el otro extremo: aquellas personas que ocultan su realidad sexual de cara al público llegando a convivir con personas de sexo opuesto en matrimonios completamente enfermizos (enfermizos por no estar basados en el amor y en la realidad sexual sino en el compromiso, los tabúes y el “qué dirán”) mientras mantienen relaciones de verdadero amor ocultas. Si bien el primer grupo me causa serio asombro y perplejidad, el segundo me provoca asco. Asco porque luego son, en la casi inmensidad de los casos, los más homófobos del panorama patrio. Ejemplos de estos ultracatólicos homosexual antinaturales hay muchos. Hoy ha saltado otro a la palestra y es el que me ha llevado a escribir estas breves líneas.

Carlos Dívar es el presidente del Consejo General del Poder Judicial. Es un cargo designado por el gobierno de turno, y en su caso fue puesto a dedo por el Partido Socialista Obrero Español (me ha costado escribirlo sin reírme). Carlos Dívar es un ultracatólico fundamentalista. Algo parecido a los muyahidines pero sin la tendencia a estrellarse con aviones contra edificio. Es, básicamente, un radical de los chungos. Pero es más cosas. Está soltero Está casado, tengo entendido que con hijos, y se ha dedicado a usar fondos públicos para marcarse viajecitos de 4 días (porque ¿quién no ha soñado alguna vez con la semana de 3 días laborales y 4 festivos?) a hoteles de lujo a cenar a la luz de las velas con otra persona.  La cuestión es que la otra persona no es su mujer. Ni siquiera su secretaria como en el caso, dicen, del ministro de Justicia (jodó con el oficio, como está) Alberto Ruiz-Gallardón. Según parece el señor Carlos Dívar acudía a cenar, e imaginamos que a consumir pastillitas azules, con su novio. Si, con o. Y esto no nos importaría lo más mínimo en la Conspiración Atea para la Dominación Mundial si no fuera porque, como he dicho, es un ultracatólico peligroso que pertenece a una secta que promueve que los homosexuales como él son unos enfermos que merecen ser curados urgentemente.

Así que desde aquí no puedo hacer otra cosa que aplaudir que se haga outing con personas así. Con estos enfermos católicos enemigos de los homosexuales. Bravo.

Actualizada: Después de un poco navegar, pero poco, he descubierto que el señor Dívar está soltero y sin hijos.

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Sí, la dominación mundial no es solo cosa de terrícolas. También hay otros provincianos de la Osa Mayor deseosos de tener su pedazo de pastel o, en su defecto, alguna región poco poblada de la tierra.

4 thoughts on “Outing en el nombre de algún dios

  1. Puta hipocresía de los cojones, con lo a huevo que lo tiene por su puesto para defender a los de su misma orientación, pues no, mejor defender a tu amigo imaginario, y si para ello humillas a los que son como tú pues tanto mejor.

    Lo mismo quería hacer méritos para ir al cielo y como empezó con la lista en negativos que mejor que machacar a los maricones, que siendo él uno de ellos parece que les daba bonus points.

    Mierdafachas.

  2. Dicen que es su sobrino, también juez en Marbella; así que puede ser una información falsa. En todo caso, que se pague sus cenas familiares.

  3. Lo malo de inventar es que luego nadie te cree… A ver si en vez de imaginar lo que nos gustaría que pasara nos dedicamos a no decir gilipolleces.

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