¿POR QUÉ SOY ATEO? (II)

Ya he expuesto los motivos que pueden llevarte al agnosticismo. Pero yo no me describo como agnóstico, sino como ATEO.

¡Pero no puedes demostrar que Dios no existe!

He oído ese argumento mil veces, y me sigue pareciendo tan vacío ahora como la primera vez. Claro que puedo demostrarlo. Basta con demostrar que ese dios concreto es obra de los hombres, porque, por propia definición, un dios no puede ser una creación de sus seguidores. Y eso es fácil de hacer.

Yahvé, deidad de las tres grandes religiones monoteistas actuales. La evidencia de su existencia y, según los fanáticos, su grandeza, es la palabra revelada, es decir, el Libro. Pues si cojemos ese libro, sin más, no necesitamos mucho esfuerzo para entender que la palabra es falsa. Ni la Tierra tiene 4000 años, ni los humanos surgen de la nada, ni la Tierra es el centro del Universo, ni hubo un diluvio que anegara el planeta por encima de las montañas, ni… es más, el texto, por si mismo, evidencia diversas etapas en su redacción y recopilación, y es posible seguir el origen de sus mitos y verificar que son préstamos relativamente modernos de religiones más antiguas y totalmente ajenas al dios de los judíos. Es decir, la Biblia es obra de los hombres, y ni siquiera es una obra demasiado sólida.

Podemos repetir el mismo proceso con cualquier deidad concreta, y llegamos al mismo punto: los dioses son obra de los hombres, ergo, son falsos. Del mismo modo que puedo afirmar que no existen Thor, Zeus o Anubis, puedo demostrar que no existen Aláh, Yahvé o Shiva

Bueno, pero es que los cristianos no creemos en el Dios del Antiguo Testamento sino en Jesus.

No, queridos, no. Sin el Dios bíblico, Jesús sólo es un hombre. Muy majete y buenrollista, pero sólo un hombre. Luego si el AT no es más que un montón de cuentos mal escritos, el cristianismo es un cascarón vacío.

Pero no puedes demostrar la inexistencia de una deidad no concreta, un poder benéfico del universo, una energía, un llámalo X, un algo…

Ahí os estaba esperando. Ese es el argumento más estúpido de todos. No, no puedo, porque no lo necesito. Para que la respuesta a una pregunta sea X, ésta debe ser igual de valida al menos que el resto de las respuestas posibles.

La reina Cretina de Grecia (perdón, Sofía de Grecia) dijo Se ha de enseñar religión en los colegios, al menos hasta cierta edad: los niños necesitan una explicación del origen del mundo y de la vida. No dudo que la necesiten, pero no necesito el concepto Dios para explicar esas cosas. El origen de la humanidad (y de las especies vivas modernas y extintas) se explica mediante la teoría de la selección natural. La inteligencia no requiere ninguna intervención milagrosa, sólo un crecimiento suficiente del cerebro y cientos de miles de años de evolución cultural. El origen de la vida se puede explicar mediante simple bioquímica. El de la Tierra es una cuestión de polvo estelar, masa y gravedad, y en cuanto al universo, los físicos han logrado llegar en sus cálculos al instante mismo de su inicio, hace 14000 millones de años. Sabemos qué ocasiona la luz. Sabemos qué son los colores. Estamos empezando a entender qué es la masa.

Nadie nace creyendo en Dios. NADIE. La idea de Dios es inculcada en la mente de los niños por los adultos, igual que la de los Reyes Magos, Santa Claus o el Ratón Pérez. Luego bastaría con no hacerlo para que la religión se extinga como una vela, del mismo modo que si dejamos de hacer el paripé con los dientes y las almohadas el Ratón Pérez y el Hada de los Dientes se borraran de nuestra imaginación sin dejar rastro. Y ambas cosas sucederían en una única generación.

La explicación religiosa pudo tener sentido hace cientos de años, cuando no había otra. Pero hoy por hoy no es válida porque tenemos otras que sí lo son. Y, lo que es mejor, no es necesaria tragárselas ciegamente, porque podemos poner a prueba su validez. Y si nuevos datos reales invalidan una respuesta, a su vez el estudio de esos datos darán nuevas respuestas, del mismo modo que cada descubrimiento, en vez de fosilizarse y calcificarse como la religión, abre nuevas puertas y plantea nuevas preguntas que ni siquiera existirían si aceptáramos la validez de la respuesta Dios.

Todas y cada una de las explicaciones religiosas sobre el mundo han sido refutadas por la ciencia. Actualmente los teístas, los agnósticos perezosos y los fanáticos bíblicos se aferran no ya a sus creencias, sino a los puntos aún no explicados, en la idea de que si la ciencia no ha aclarado algún detalle de algo, por nimio que sea, ese detalle demostrará la existencia de Dios. Hace años presentaron ante un juez el flagelo de las bacterias como la prueba irreductible de la necesidad de un creador. Los científicos, en vez de aceptar ciegamente su explicación, se limitaron a explicar, paso por paso, cómo surge el flagelo bacteriano. Ahora dicen que no podemos saber que pasó antes del Big Bang luego tiene que haber un Dios. No sé si lo llegaremos a saber alguna vez, pero sí sé cómo no llegaremos a saberlo jamás: aceptando su respuesta y dejando de buscar la correcta.

La última trinchera de los religiosos es que el temor de Dios es necesario para sostener la moral y la honradez, pues sin su mirada amorosa (y la amenaza del sufrimiento eterno, ya de paso) el hombre cae en el barro. No voy a dar ejemplos de la moral y honradez de los ateos. Ni siquiera de la mía. Me basta con ser consciente de que hasta el siglo XIX no hubo ateos, luego todos y cada uno de los crímenes cometidos en los últimos cuatro milenios, desde el nacimiento de las civilizaciones hasta los comienzos del siglo XIX fueron cometidos por gente religiosa, que creía firmemente en un dios, o incluso en muchos, y los más atroces de esos crímenes contaron con el beneplácito (teórico) de esos dioses. Luego la idea de la deidad tampoco sirve de mucho como garante del bien.

Resumiendo, no necesito demostrar la inexistencia de llámalo X, porque no necesito a llámalo X para nada. No hay espacio para él: no explica nada, no aporta nada. Lo dijo Laplace, cuando Napoleón le preguntó porqué no nombraba a DIos al exponer su estudio sobre la gravedad y los movimeintos planetarios: Sire, nunca he necesitado esa hipótesis.

Nosotros tampoco la necesitamos. Y no necesitamos explicar algo innecesario. Si tu respuesta es Dios, tu pregunta simplemente está mal planteada.

Por eso soy ateo.

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About José Antonio Peñas

Bueno, yo me he pedido las llanuras de Mongolia y el desierto del Gobi en el reparto mundial, así que ya os imaginaréis que no me gustan demasiado las multitudes. En cambio me pirran los dinosaurios, y ese sitio está petadito. Por lo demás soy desastrado, bajito y tirando a feucho, pero enseguida se me coge cariño, como a los gatos callejeros. Al igual que ellos soy aseadito y ocupo poco, se puede decir que soy una persona de bajo impacto. Sexualmente estoy clasificado como lesbiana honoraria y políticamente como stalinista nostálgico. Me gano la vida dibujando y modelando monigotes varios, como dinosaurios (¿he mencionado que me p..? ah, sí, ya lo he mencionado) Y hasta aquí puedo leer. Cuando el mundo esté en mis... nuestras manos, ya pueden echarse a temblar en el Vaticano, porque no hay cardenal que resista mucho tiempo el olor del zotal.

5 thoughts on “¿POR QUÉ SOY ATEO? (II)

  1. Hombre, me encanta leerte. Gracias por compartir tus letras con muchos ateos, que como yo, se sienten abrumados por los mismos argumentos vacíos de siempre. No dejes de publicar, por favor.

    Un abrazo desde Colombia.

  2. Genial artículo. Solo un matiz (sobre todo para algún creyente quisquilloso que pueda leer y poner pegas). Antes del S. XIX sí había ateos, lo que pasa es que eran cuatro gatos sueltos por ahí que rara vez se declaraban como tales ya que se condenaba como delito punible. Y por supuesto, no había ateos en posiciones de poder que pudieran (aun en el caso de que quisieran) imponer su ateísmo por la fuerza.

  3. Espero que no acabes como acabó el más brillante ateo de todos los tiempos, Nietsche a quien su filosofía de vida lo llevó a este estado con 45 años:

    http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Friedrich_Nietzsche_drawn_by_Hans_Olde.jpg

    Tú tienes la ventaja de que al menos tienes sentido del humor cosa que a Nietsche le sonaba a chino.

    Por otra parte, leyendo tu blog he recordado una página de G.K. Chesterton en su libro “Ortodoxia”, dice así:

    Estas podrían llamarse las esencias de la vieja ortodoxia, cuyo mérito principal es ser fuente natural de la revolución y de la reforma, y cuyo principal defecto es ser evidentemente sólo una aserción abstracta. Su mayor ventaja es ser la más viril y aventurera de todas las teologías. Su mayor desventaja simplemente es ser una teología. Contra ella siempre se puede argüir que en su Naturaleza es arbitraria y
    está en el aire. Pero no tan alta en el aire que grandes arqueros no se hayan pasado todas sus vidas arrojándole `flechas, sí, y sus últimas flechas; hay hombres que se destrozarían y destrozarían la civilización, con tal de destrozar esa antigua y fantástica leyenda. Ese es el último y más pasmoso hecho
    de nuestra fe; que sus enemigos emplearan cualquier arma contra ella, las espadas que cortan sus propios dedos y los tizones que incendian sus propias casas. Los hombres que empiezan luchando contra la Iglesia en pro de la libertad y de la humanidad, acaban desechando a la humanidad y a la libertad para mejor
    luchar contra la Iglesia. Esto no es exageración; podría llenar un libro con ejemplos. El señor Blatchford se dedicó como vulgar destructor de la Biblia, a demostrar que Adán era inocente de culpa contra Dios, y maniobrando para sostener esa idea, como simple consecuencia paralela, admitió que todos los tiranos, desde Nerón hasta el Rey Leopoldo, eran inocentes de culpa contra la humanidad. Conozco un hombre que tiene tal pasión por demostrar que después de la muerte no tendrá existencia personal, que cae en una posición en que no tiene existencia personal ahora. Invoca al Budismo y dice que todas las almas se
    fundirán una en otra; para probar que no puede ir al cielo, prueba que no puede ir a Hartlepool. He conocido personas que protestaban contra la educación religiosa con argumentos contrarios a cualquier educación, diciendo que la mente del niño debe desarrollarse libremente o que los mayores no deben enseñar a los jóvenes. He conocido personas que demostraban que no podría haber juicio divino,
    demostrando que no podía haber juicio humano ni para finalidades prácticas. Quemaban su propio grano para incendiar la iglesia; para destruirla, destruían sus propias herramientas; cualquier palo era bastante bueno para golpearla, aunque ese palo fuera el último despojo de sus desmembrados mobiliarios. No
    admiramos, apenas disculpamos al fanático que destruye este mundo por amor al otro. Pero ¿qué diremos del fanático que destroza a este mundo a fuerza de odiar al otro? Sacrifica toda la existencia de la humanidad por la no existencia de Dios. Sus víctimas no son para el altar sino meramente para proclamar
    la inutilidad de altar y la vaciedad del trono. Está dispuesto hasta destruir la ética elemental por la cual viven todas las cosas, para realizar su extraña y eterna venganza sobre alguien que nunca ha existido. Sin embargo, todo queda colgando de los cielos ilesos. Sus adversarios solamente logran destruir aquello que justamente les es querido. No destruyen la ortodoxia; sólo destruyen el coraje político y el sentido común. No prueban que Adán no era responsable ante Dios, ¿cómo podrían probarlo? Sólo prueban (según sus premisas) que el Zar, no es responsable ante Rusia. No prueban que Adán no debió ser castigado por Dios; sólo prueban que el explotador más próximo no debe ser castigado por los
    hombres que explota. Con sus orientales dudas respecto a la personalidad, no aseguran que no tendremos vida personal en el más allá; solamente aseguran que la que tendremos aquí no será ni muy alegre ni muy completa. Con sus paralizantes insinuaciones de que todas las conclusiones saldrán mal, no rasgan el libro del Ángel del Archivo; solamente hacen un poco más ‘difícil la tarea de llevar los libros de Marshall y Snelgrove. La fe no sólo es la madre de todas las energías del mundo, sino que también sus propios enemigos son los padres de toda la confusión del mundo. Los del siglo no han destruído las cosas seculares, si es que saberlo les puede proporcionar alguna satisfacción.
    Los Titanes no escalaron los cielos, pero estropearon al mundo.

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