Aguafiestas de guardar

Queridos niños,

Os escribo para hablaros sobre esas fiestas tan bonitas que celebráis todos los años, llenos de felicidad y alegría desbordada. Bueno, también para esas otras fiestas en las que os dais golpes de pecho porque os han dicho que todo lo que pasó hace dos mil años fue por vuestra culpa, vuestra culpa, vuestra gran culpa.

Esas fiestas, las alegres y las tristes, en las que se dan regalos cada día menos consumistas y en las que se hacen dulces típicos, son, por si no lo sabíais, un camelo. O simplemente un plagio. Algunas, las menos, tienen cierta originalidad pero están basadas en “mi primo dijo que conoce a uno que lo vio”. Vamos, que tienen el mismo fundamento que aquella historia de la fan de Ricky Martin con su perro y el potorro embadurnado en mermelada. Que todos conocimos a uno que sabía de otro que lo había visto, pero ¡¡eh, respeta mis creencias! ¿VALE?

Así que entrad a esta nueva sección y disfrutad de este viaje maravilloso por la historia, la antropología y esa cosa que a uno le jode las ilusiones. ¿Cómo se llamaba? Ah, si La Realidad.

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