Que se me olvidó deciros que mi madre nació inmaculada

Dios* es un cachondo.

* Por Dios nos referimos a la acepción católica del término dentro de los parámetros del personaje creado en base a la iconografía, ritos y tradiciones católicas y no basándonos para decir la afirmación “Dios es” más que en el personaje literario. Igual se podría utilizar el término para “Superman es” o “Mazinger Z es” etcétera.

Como decía, es un cachondo. En lugar de desvelar todas sus acepciones y curiosidades de un plumazo, en plan “tengan ustedes el pack entero que supone la creencia en mí” lo suelta por fascículos coleccionables. En ocasiones algunos fascículos contradicen a otras entregas anteriores, como los correspondientes al limbo y al purgatorio, que tan pronto no existe, como está ahí desde siempre y vuelve a cerrar. Y es que Dios no va desvelándolo todo alegremente sino que un día dice una cosa a unos pastores, otro se le aparece al obispo de Roma casualmente cuando andan de reunión a puerta cerrada y otras cuando están todos los cardenales en cónclave pensando a quien ponen de C.E.O. de la sociedad anónima esa. Es más, antes se aparecía con toda la gracia suya, rodeado de santos, ángeles y trompetas y ahora, más a la moda de los tiempos, se muestra impreso en tostadas o a través del pelo del culo de un perro. Los ateos no entendemos del marketing que envuelve estas iniciativas, la verdad.

Así, en este ir dejando caer capítulo tras capítulo de la serie “El culto católico y sus alegres seguidores”, caemos a momentos tan curiosos como el que se vivió el 8 de diciembre de 1854 cuando tuvo a bien dejar caer que su madre/amante/señora que pasa por ahí había nacido sin el pecado original con el que, se supone, nacemos todos. Y el muy gracioso se lo guardó casi 1900 años. Un dios que juega a los secretitos y que tiene una paciencia infinita. ¿Por qué esperó tanto a contar esa noticia que llena de gozo y alegría a tantos católicos para que, por ejemplo en España, se haga fiesta?

Bueno, realmente, ya puestos, la historia tiene mucha miga. El hecho de que ese día el Papa de turno dijera que a partir de entonces todos los católicos estarían obligados a creer en algo que hasta aquella misma mañana no estaban obligados a creer era el capricho de un grupo de gente. Casualmente, españoles, que llevaban tiempo con la cabezonería de que eso que ahora se estaba convirtiendo en Doctrina era verdad. Esa creencia local procedía de una batalla y una supuesta aparición milagrosa. Luego fue solo cuestión de que esa gente diera mucho la tabarra en Roma, durante generaciones, hasta que se decidió que si, que tenían razón.

¡¡y oh, ale, milagro, tenemos doctrina nueva!!

Recapitulemos cronológicamente.

El 8 de diciembre de 1585 un soldado español “encuentra” una tabla de madera tallada en una colina de Flandes y un viento inusualmente frío (por lo que se ve en Flandes el 8 de diciembre lo normal es ir en bermudas. Aunque igual tiene algo que ver con que llevaran 30 años en la que se conoce como “Pequeña edad de Hielo“) congela el agua que inundaba los alrededores de la colina y favorece la victoria en una batalla. Todo muy coherente, como pueden apreciar.

El 8 de diciembre de 269 años después, con toda la matraca que han dado desde entonces los españoles, que otra cosa no pero pesados son un rato, se proclama la doctrina por la cual se dice que María nació sin pecado original

Y a día de hoy se sigue celebrando esa fiesta porque, como pueden ver, es completamente coherente y lógica. Donde va a parar.

Lo dicho, Dios* es un cachondo.

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