About José Antonio Peñas

Bueno, yo me he pedido las llanuras de Mongolia y el desierto del Gobi en el reparto mundial, así que ya os imaginaréis que no me gustan demasiado las multitudes. En cambio me pirran los dinosaurios, y ese sitio está petadito. Por lo demás soy desastrado, bajito y tirando a feucho, pero enseguida se me coge cariño, como a los gatos callejeros. Al igual que ellos soy aseadito y ocupo poco, se puede decir que soy una persona de bajo impacto. Sexualmente estoy clasificado como lesbiana honoraria y políticamente como stalinista nostálgico. Me gano la vida dibujando y modelando monigotes varios, como dinosaurios (¿he mencionado que me p..? ah, sí, ya lo he mencionado) Y hasta aquí puedo leer. Cuando el mundo esté en mis... nuestras manos, ya pueden echarse a temblar en el Vaticano, porque no hay cardenal que resista mucho tiempo el olor del zotal.

EL ISLAM Y LOS CULTOS EVANGÉLICOS (III) Las excepciones: Turquía e Irán

Pensemos en como funcionan esos cultos. Es un movimiento religioso formado por cabecillas locales, predicadores que no siguen una doctrina común ni obedecen a ninguna jerarquía central, sino que compiten por ganar prestigio alardeando de su fanatismo biblico. Unas condiciones que imposibilitan cualquier evolución. Se llaman cristianos, mencionan mucho a Jesús y ven señales del espíritu santo por todas partes, pero en realidad basan la mayor parte de sus ideas (y fobias) en el antiguo testamento, es decir, el código de leyes de un pueblo de pastores, que aceptan como verbo divino sin dudar de una sola letra ¿Suena familiar?

En los años 80 y 90 sus misioneros hicieron muchísimo daño entre las poblaciones indígenas de Venezuela y la selva amazónica. Pero eso ha quedado en agua de borrajas comparado con lo que están haciendo desde hace  más de una década en África. Ahí nunca se constituyó una verdadera sociedad civil: la descolonización dejó tierras y pueblos desarraigados, y la suma de guerras, corrupción, enfermedad y miseria han desintegrado cualquier estructura real que vaya más allá de lo local o lo étnico. Sumémosle el analfabetismo más extremo y tenemos el coto de pesca soñado por los fanáticos.

El modo de entrada ha sido la caridad, aprovechando los recursos enviados por sus benefactores en EEUU para que las comunidades más míseras acaben dependiendo de sus limosnas. Así fue como los Hermanos Muslmanes ganaron su prestigio en Egipto, pero al menos ellos organizaron verdaderas redes de apoyo social, mientras que los misioneros se aseguran de mantener la pobreza como un dogal al cuello de sus feligreses.

A eso se añade una activa infiltración en los órganos de gobierno en base a su influencia económica y social, que en poco tiempo ha logrado que las leyes jueguen a su favor. Poder político unido a poder religioso y ningún contrapeso civil. La expresión más visible de ese fanatismo es la persecución desatada contra la homosexualidad en varias naciones africanas, siendo la más sangrante la de Uganda. Y, de nuevo, las multitudes que hemos visto apalear, apedrear y quemar vivos a jóvenes homosexuales no son grupos de fanáticos extremistas. Son sus vecinos, sus amigos, sus familiares. La gente común. La moderada. Jaurías indistinguibles de las que hemos visto en países musulmanes, jaleadas no por imanes o muftis, sino por predicadores, Biblia en mano, que han encabezado el acoso sin el menor disimulo.

Sé que no bastan dos ejemplos para reforzar una hipótesis, pero creo que si dos religiones aparentemente tan distintas* como la islámica y la cristiana pueden generar situaciones tan similares, entonces sus enseñanzas, en sí, no son un problema social. El problema surge cuando las circunstancias permiten que una religión inamovible se enseñorée de la vida de un pueblo, sin un contrapeso que neutralice sus aspectos más negativos. Esa es la causa, más allá de la fe o los libros sagrados, que hacen que los cultos evangélicos y el islam puedan ser más dañinos que el resto de las religiones actuales.

Como colofón, y para demostrar que la esencia del Islam no es el problema, quiero plantear un ejemplo contrario. Dentro del mundo musulmán hay dos interesantes excepciones, dos naciones a las que las circunstancias han permitido avanzar mucho más que sus vecinos. Turquía e Irán.

En el caso turco, el trauma que supuso la caída de la Sublime Puerta en 1918 dio lugar a la creación de un estado casi laico por obra de Kemal Attaturk. Eso permitió consolidar una sociedad civil y un activo nacionalismo (con raíces étnicas) que ha sobrevivido al fin de los regímenes tutelados y al gobierno de los partidos islamistas. De hecho la influencia de esos partidos creció, no por obra del fanatismo religioso, sino por el desencanto de buena parte del pueblo turco por la falta de avances en su integración con la Unión Europea. Turquía está lejos de ser un oásis de democracia y respeto de los derechos humanos, pero está a años luz del cenagal teocrático de Arabia Saudí.

El caso iraní suma a la cuestión étnica y cultural (como los turcos, los persas jamás se han sentido integrados en el mundo árabe, y se enorgullecen de su lengua y su cultura) y un nacionalismo ferviente  un apartado religioso. Los chiítas ganaron fama de fanáticos en los años de la Revolución Islámica y el nacimiento de Hezbollá, pero en realidad forman el ala progresista del islam. En un sentido muy concreto: el chiismo sí acepta una jerarquía religiosa, encarnada en los Alfaquíes y los Ayatolas, y, pese a ser, evidentemente, autoridades muy remisas al cambio, han tenido que aceptar algunas reformas al convertirse en parte de las instituciones. Dado que sus normas no se dirigen a la totalidad del islam sino sólo al pueblo persa, incluso esas escasas concesiones han marcado un sello muy distintivo en el ismaelismo.

A esto se suma una sociedad civil urbana** muy activa, con un elevado nivel educativo, y una gran frustración entre las generaciones posteriores a la Revolución Islámica ante la falta de expectativas. El conjunto de estas circunstancias ha conformado una sociedad en ebullición, una olla a presión que, en vez de enquistarse en el fanatismo religioso, avanza, aunque sea timidamente en la dirección opuesta, es decir, hacia una apertura laicista. Se podría comparar la actual situación de Irán con la de la España de finales de los primeros 70, con la dictadura reforzando por todas partes un control que empezaba a írsele de las manos. Por supuesto lo que suceda en próximos años es impredecible, pero incluso en los momentos de mayor peso islámico, en los años inmediatos a la Revolución y durante la guerra con Irak, el chiismo iraní presentaba aspectos tan ajenos al mundo árabe como la masiva presencia de las mujeres en la universidad y la prohibición de la ablación.

Poco más puedo añadir a favor de mi hipótesis: son las circunstancias históricas y sociales lo que confieren mayor peligrosidad a una religión, no sus enseñanzas, y por eso es ingenuo presuponer que la influencia de un credo es indistinguible de otro.

¿Significa lo dicho hasta aquí que la integración de los musulmanes en nuestra sociedad es imposible? Ni mucho menos. Precisamente aquí contamos con los elementos que permiten paliar los principales peligros dela religión: una sociedad civil consolidada y educación. Pero se requiere tiempo. Y un esfuerzo consciente para no recaer en viejos errores. Los estallidos musulmanes en Francia hace una década no se debieron a un problema religioso, sino de pobreza y discriminación. Los jóvenes que incendiaron las calles no lo hacían en nombre del islam, sino furiosos y frustrados por una sociedad que les rechazaba pese a haber nacido franceses.

La educación puede ayudar a la integración de las generaciones nacidas aquí, y la legislación puede y debe asegurar la laicidad de la vida social, pero si esas mismas leyes, además de obligarles, no les amparan****, establecemos un nuevo punto de partida para el fanatismo, esta vez agravado por el desarraigo. EL desarraigo, igualmente, es el principal caladero donde echan sus redes los fanáticos evangelistas. Y aunque a día de hoy no suponen más que una anécdota pueden acabar siendo más que eso

No es bueno ignorar los problemas, pero tampoco debemos dejar que el miedo guíe nuestra forma de actuar. Sería tristísimo habernos sacudido las cadenas de la beatería católica para dejar que otros fanatismos limiten nuestras vidas.

(Una aclaración antes de cerrar el tema. No es que los fanáticos católicos, ortodoxos o protestantes no quiern controlar la vida de sus vecinos, apalear o matar a los homosexuales y prohibir a las mujeres salir de casa sin permiso de su marido (casado ante DIos, of course). Lo que sucede es que NO PUEDEN HACERLO por las circunstancias históricas, y su influencia es cada día más floja, de ahí que el creyete moderado sea, en realidad, un agnóstico mal disfrazado. SOn religiones menos peligrosas, no porque sean mejores, sino porque han ido perdiendo su capacidad para hacer daño)

* Aparentemente, porque si vamos a la raiz de sus enseñanzas, no hay tantas diferencias entre los cultos del Libro

** Digo urbana porque en el campo la situación es diferente. Algo de esperar, ya que entre el campesinado siempre tardan más en calar las reformas. Precisamente el término pagano significa en su origen campesino, y debe su significado actual a que fueron los campesinos romanos los más reacios a convertirse al cristianismo

*** Me parece perfecto que se prohíba un símbolo religioso como el velo en las escuelas… siempre y cuando se prohíban los crucifijos, las menhorás, la estrella de David… Y si no se permite organizar rezos colectivos a los musulmanes en la vía por razones de orden público, debe permitírseles usar locales adecuados. No entiendo porqué no es posible un uso razonable de las iglesias para la oración, a horas en las que no hay servicio cristiano.

EL ISLAM Y LOS CULTOS EVANGÉLICOS (II de III) El moderado inexistente

La ausencia de una sociedad laica en el mundo islámico puede no parecer preocupante, ya que la mayor parte de los musulmanes son moderados, mientras que los extremistas son sólo una minoría, peligrosa, por supuesto, pero muy reducida.

Ese punto de vista es, de nuevo, erróneo. El católico moderado en un país católico (España, por ejemplo) es el creyente no practicante, que sólo pisa la iglesia en bodas, bautizos y comuniones, y al que las opiniones o creencias de sus vecinos le vienen a dar bastante igual. No es que el catolicismo tienda a la moderación: sucede simplemente que inmerso en una sociedad civil, es decir, laica, su influencia se diluye año tras año, por mucho que la conferencia episcopal se rasgue las vestiduras. Un musulman moderado en un país musulmán vive día a día su religión, está inmerso en ella, y no concibe la discrepancia. Aceptará a regañadientes la existencia de otras comunidades religiosas monoteistas (sólo pueblos del libro, judíos o cristianos) siempre y cuando se mantengan en un segundo plano y nada atraiga su ira.

Las muchedumbres que se echaron a las calles con el escándalo de las caricaturas de mahoma, quemando, apedreando y asesinando, no estaban compuestas de  terroristas y miembros de Al Qaeda, sino de moderados, que mataron a sus vecinos cristianos porque en la lejana Dinamarca alguien publicó un dibujo. La moderación del islam es un fanatismo de bajo tono, alimentado por la tradición, la pobreza y la ignorancia. Y hablamos de una pobreza de raíces profundas, agravada por unas desigualdades monstruosas.

No siempre fue así. Entre los años 50 y 60 surgió una tendencia nacionalista laica en los países musulmanes, encabezada por el nasserismo egipcio. Este movimiento fue visto como una amenaza por Israel, las monarquías del Golfo y los EEUU, que no dudaron en sabotearlo desde dentro, apoyando económicamente a los movimientos religiosos como los Hermanos Musulmanes, una política que se intensificó en los 80 con el apoyo militar a los combatientes yihadistas en Afganistán. Por su parte los nacionalismos fracasaron (y a veces ni llegaron a intentarlo) en su intento de consolidar una sociedad estable y moderna. Tras su hundimiento, sólo quedó el integrismo. Y dado que la inmensa mayoría de los musulmanes siguen viviendo en la pobreza y la ignorancia, este integrismo carece de una alternativa real.

Eso implica que el musulmán moderado ve inadmisible y blasfema la homosexualidad, la independencia de las mujeres, la apostatasia, el ateismo, la teoría de la evolución, o cualquier cosa que vea discordante con su fe y se salga de la norma estricta del Quran. Y por añadidura el peso de la religión en la vida diaria permite justificar cualquier arbitrariedad, no sólo a nivel de calle sino incluso a nivel estatal. No es necesario ir entre los talibanes para ver algo así: pensemos en nuestro vecino Marruecos, donde la legitimidad de su tiranuelo corrupto es inatacable, ya que se le considera emparentado con el Profeta. Todo eso hace que su influencia sea más perniciosa que la de otras creencias

En conclusión, contemplar al islam como una religión más, sin entender su realidad social, es, además de erróneo, peligroso. No porque sus enseñanzas o mandatos la hagan mejor o peor que otras, sino porque una serie de circunstancias históricas y sociales han hecho del mundo musulmán un caldo de cultivo para la intolerancia.

La prueba es que podemos encontrar un caso similar fuera del mundo musulmán. Por supuesto hay cultos muy fanatizados: judíos ultraortodoxos, mormones, extremistas católicos, testigos de Jehová, literalistas bíblicos, cristianos renacidos…

La mayoría de esos movimientos pueden encontrar situaciones políticas concretas que les permiten ejercer una infñuencia en la vida civil muy superior al que les correspondería por su peso real (tenemos el ejemplo inmediato de la Ley Gallardón, cuyo único sentido parece ser el de contentar a los fanáticos que calentaron la calle a favor del PP en las últimas legislaturas socialistas), pero eso entra dentro de lo esperable en el juego político. En cualquier caso la influencia de estos grupos es local, y viven inmersos en una sociedad civil, luego no parece que sea factible establecer una comparación con el mundo musulmán.

Pero hay una sangrante excepción: los cultos evangélicos que, debido a su vocación misionera, se han extendido por Sudamerica y África. También los tenemos en nuestro país y es posible ver en vivo y en directo sus métodos de expansión. Buscan a gente vulnerable y solitaria, como inmigrantes subsaharianos y sudamericanos, o comunidades relativamente aisladas, gitanos, por ejemplo, y les prestan una ayuda aparentemente caritativa, pero que les ata poco a poco, hasta que los predicadores van organizando la vida de su comunidad no sólo en los momentos del culto sino fuera de él. Esto no funciona fuera de esos círculos ya que, como he dicho, ejercen su presión sobre gente necesitada, ya sea económica o socialmente. El vigor de la sociedad civil española y la tradición católica limitan seriamente su expansión a otros niveles, pero eso no sucede en otros lugares.

En Brasil y Venezuela, dos de sus lugares tradicionales de expansión, las autoridades han procurado tomar medidas para paliar los aspectos más negativos de su influencia (medidas fiscales, por ejemplo), pero hay países donde sucede lo contrario, y no sólo se les ha permitido campar a sus anchas sino que se les ha otorgado peso incluso a nivel legal. Países donde nunca se ha constituido una verdadera sociedad.

EL ISLAM Y LOS CULTOS EVANGÉLICOS (I) El tiempo detenido

Hay una tendencia en los ambientes escépticos a considerar la religión con una cierta relatividad: partiendo de la base de que todas son igual de falsas, se presupone que todas son igual de problemáticas. Entiendo que ese punto de vista puede resultar muy cómodo, pero me parece que está profundamente equivocado.

Por supuesto es fácil señalar el peligro de las sectas destructivas tipo Wako, o los movimientos radicales estilo Quicos, pero incluso dentro de las religiones normales puede (y debe) señalarse que algunas son especialmente peligrosas. Es una verdad desagradable, y suele aparejar acusaciones de eurocentrismo, pero a estas alturas no me irá de una cana más o menos así que ya podéis empezar a apedrearme.

Sí, hay religiones más peligrosas que el resto. En particular el Islam y los cultos evangélicos. Y su peligrosidad nace de su incapacidad para el cambio.

He mencionado en alguna ocasión que las iglesias católica, anglicana, luterana y, en menor medida, la ortodoxa, tienen una razonable capacidad de adaptación a las circunstancias sociales. En general van a remolque de los cambios, pero aunque sea a rastras, cambian. Para que eso pueda suceder, se requiere una autoridad que ratifique y consolide esos cambios. En el caso de Roma dicha autoridad reside en el Papa y los Concilios. Los anglicanos fían su autoridad en la Corona, los luteranos en los acuerdos episcopalianos y los ortodoxos en la autoridad de los patriarcas. Luteranos y ortodoxos (sobre todo los últimos) tienen el problema de no tener una cabeza visible y centralizada, de ahí que, por comparación, los cambios resulten mucho más rápidos y drásticos en las dos primeras iglesias. Sobre todo en la anglicana, que no tiene que lidiar con cientos de realidades sociales, como le sucede a Roma.

En vida de Mahoma, él era la autoridad central del Islam: su peso civil y religioso era incontestable. A su muerte la situación se volvió más compleja. Idealmente, la Ley de Dios sería interpretada por el Califa, que a su vez velaría por que la Ley del los hombres se ajustara a la Palabra. Palabra que en principio no era inamovible, dado que Mahoma no dejó escritos como tales y la recopilación definitiva de sus enseñanzas y diversas tradiciones orales asociadas no tuvo lugar hasta el tercer califato.

Sí, el Corán no es obra de Mahoma, sino de sus seguidores.

La figura del califa, en cualquier caso, debería haberse convertido en la cabeza del Islam, como lo es el obispo de Roma en el catolicismo o, en tiempos, el Patriarca de Constantinopla. Pero, al margen de las disensiones y el establecimiento de califatos independientes* (como el de Córdoba), el califa nunca pudo asumir ese papel por la inexistencia de un clero organizado. No hay monjes, sacerdotes, obispos… que se superpongan al tejido social, dando validez a la autoridad central. La falta de esta estructura eclesial impidió que los califas tuvieran un poder real sobre la sociedad, siendo enseguida usurpado su título por los gobernantes, los sultanes, que reunieron en sus manos el poder religioso y el civil, haciéndolos indistinguibles.

Eso tuvo un doble efecto pernicioso. Por un lado descabezó de forma efectiva al islam como comunidad religiosa, imposibilitando una adaptación al cambio de los tiempos. Por el otro cortó de raíz cualquier posibilidad de establecer una legislación ajena a la autoridad religiosa, impidiendo así el nacimiento de una sociedad civil.

Pensemos en la Europa Medieval. Por un lado hay un poder real, el de reyes y nobles, al que se suma el de los gremios y, poco a poco, el de las casas de banca (que juntos serán el germen de la burguesía) y otro religioso, a su vez amparado por la jerarquía y las posesiones de la Iglesia. El Papa dispone de un poder efectivo que oponer a los poderes seculares, y eso garantiza hasta cierto punto su independencia de los mismos. Este equilibrio posibilita que tomen forma una serie de estructuras legales civiles, no religiosas (pensemos en las cortes de Aragón, y su célebre juramento Nos, que valemos tanto como vos, y juntos más que vos…) que, al menos de nombre, obligan a todos y no pueden modificarse de forma arbitraria, por estar implicados muchos poderes. Ésas características permitieron el salto social y económico de la Alta Edad Media y, posteriormente, del Renacimiento. Y es en ese intervalo de cuatro siglos cuando las sociedades europeas dejan atrás a las sociedades islámicas, incapaces de cambiar.

¿Porqué la ciencia y la tecnología islámicas se estancan después de un arranque brillante y arrollador? Porque sin una estructura educativa como la que se construye bajo la autoridad de la Iglesia, no es posible establecer una burocracia civil, ni una legislación que ampare el comercio y la banca de forma efectiva. La sociedad islámica está sujeta al capricho de su gobernante. Imaginemos un próspero tintorero en Estambul: podría beneficiarse de mejores métodos de producción, pero el Cadí o el Visir saben que ese negocio da pingües beneficios, así que le multiplican por diez los impuestos, o incluso deciden adueñarse de todo acusando al dueño de impiedad. El afectado nada puede hacer frente a una autoridad absoluta, que une la ley de Dios a la de los hombres. El resto de tintoreros no va a apoyar a su compañero porque no hay una estructura gremial, para ellos sólo es un competidor descabezado. En esas condiciones el solo hecho de destacar es peligroso, y las actividades económicas tradicionales (agricultura, perfumería, forja, telares, comercio…) no tienen incentivos para el cambio. El tintorero de Estambul seguirá usando los mismos métodos siglo tras siglo. Tampoco hay incentivo social para el estudio, fuera de la astronomía**, y sin universidades (auspiciadas, no lo olvidemos, por el poder religioso), ni intercambio de conocimientos, la ciencia islámica se queda atascada en sus raíces. Como toda la sociedad.

Eso por lo que se refiere al cambio social o económico, pero ¿porqué no hay evolución religiosa? Después de todo hay, al margen de la autoridad del monarca, algunas autoridades religiosas, muftis y mulás. Pero éstos no son un clero organizado, sino figuras locales, y aunque se presuponen algunos requisitos para ser considerados como tales, a la hora de la verdad todo se traduce en tener prestigio y don de gentes. Cada mufti es una autoridad separada, de ahí que las Fatwas (mandatos) tengan un caracter igualmente local y no vayan más allá del área de influencia de quien las emite.

Dicho sea de paso, las fatwas no son órdenes inspiradas por Dios, sino interpretaciones de su palabra. Un mufti, en realidad, es una suerte de árbitro a quien se consulta en caso de duda. Lo que no les impide hacer declaraciones grandilocuentes e incendiarias, y llegamos al punto más importante de mi planteamiento.

Un mufti puede emitir una fatwa condenando, por ejemplo, a cualquier mujer que de la mano a su marido en la calle, porque no hay ninguna autoridad sobre él que pueda impedírselo. Lo único que le limita es el texto del Quran, y éste es, en esencia, un código de leyes para un pueblo de pastores del siglo XV. Así que puede opinar prácticamente sobre cualquier cosa y darle peso legal, al menos hasta que otro mufti de superior autoridad dicte otra cosa. Y a su vez lo que dicte ese mufti podrá ser puesto en entredicho por el siguiente. Y esa rueda sin fin hace imposible cualquier evolución religiosa, porque ningún cambio toma caracter permanente.

En esencia y en forma, el pensamiento religioso islámico es EXACTAMENTE el mismo hoy que hace catorce siglos. Sin cambios. Y las sociedades islámicas eran prácticamente las mismas hasta bien entrado el siglo XX, cuando el final del colonialismo europeo las lanzó de nuevo al mundo.

* Los cismas califales, pese a su espectacularidad, no son sino la lógica consecuencia de la expansión territorial del Islam. Los diversos cismas cristianos descentralizaron la autoridad religiosa, pero en el caso del Islam ésta ya había desaparecido como tal antes de las rupturas.
** El prestigio de los astrónomos en el islam antiguo se basa en la necesidad de ajustar los calendarios lunares que guían la vida religiosa y la agricultura.

INCREÍBLE PERO MENTIRA: Un Dios bondadoso

Uno de los puntos que más enfatizan los cristianos de toda tendencia es la amorosa personalidad del creador. Nuestro dios, proclaman sonrientes, es un Dios de Amor. Un padre que se preocupa por sus hijos, severo ante sus faltas, pero lleno de bondad.

El problema es que, en el antiguo Testamento, Yahvé se pasa el día castigando y masacrando. Masacres MUY grandes. Así, ordena a Saul marchar contra los amalecitas… 

Ve ahora, y ataca a Amalec, y destruye por completo todo lo que tiene, y no te apiades de él; antes bien, da muerte tanto a hombres como a mujeres, a niños como a niños de pecho, a bueyes como a ovejas, a camellos como a asnos.

Y cuando los samaritanos le ofenden (por rendirle culto, OJO)…

Samaria tendrá su castigo, por haberse rebelado contra su Dios. Serán pasados a filo de espada; sus niños serán estrellados y reventadas sus mujeres encintas.

Como estas, hay mil en la Biblia. Los creyentes las soslayan con un lo estás sacando de contexto (quisiera saber en que contexto queda bien reventar mujeres encintas) o es una metáfora (pero no son capaces de decirte cual es el chiste, digo el significado oculto)

Entonces, y para demostrar qué bueno es el Señor, subrayan que Jehová no acepta sacrificios humanos, como los dioses paganos*. Y mencionan la historia de Abraham y el sacrificio de Isaac, con el ángel acudiendo en el momento en que Abraham se pone intenso con el cuchillo, dando voces de ¡quieto parao!

Aquí quería yo llegar, porque si se leen atentamente las partes más antiguas de la Biblia la historia de Abraham adquiere una dimensión muy diferente.

Hay tres pistas al respecto. Una es la historia de la hija de Jefté (libro de los Jueces). Jefté debe ir a la batalla y se procura el apoyo del señor prometiendole un sacrificio.

Si entregares a los amonitas en mis manos, cualquiera que saliere de las puertas de mi casa a recibirme, cuando regrese victorioso de los amonitas, será de Jehová, y lo ofreceré en holocausto.

Resulta que la que sale es su única hija, y Jefté no quiere, pero ella dice que por mucho que le pese debe cumplir su palabra, y le pide un plazo para llorar su virginidad (ya que nunca conocerá varón ni tendrá hijos, luego su sangre se perderá) y él ,transido de dolor, se rasga las vestiduras… etc.

Los teólogos le han dado mil vueltas a esta historia y la han justificado como un error de traducción, diciendo que lo que quería decir la Biblia es o lo ofreceré en holocausto. Y entonces dicen en realidad Jefté ofreció a su hija al servicio al templo. Lástima que no hubiera templo en esas fechas, que el tabernáculo no aceptara mujeres entre sus paredes y que la definición de holocausto sea sacrificio en que se quemaba toda la víctima. Y ¿porqué iba a sentirse hundido Jefté por consagrar a su hija a Dios? Más cuando se menciona después que las hijas de Israel acudieron a endechar a la muchacha, y una endecha es un canto fúnebre con lamentos.

Podemos marearlo, pero para que la muchacha se haga monja no basta cambiar y por o.

El segundo punto de sospecha es la actitud de Abraham, que no se sorprende cuando Dios le pide la vida de su hijo. Por como actúa, le parece natural (en cambio no se lo  pareció tener un hijo a los 100 años)

Pues no, no tiene motivo para sorprenderse. Porque en el Libro hay, no uno, sino dos decálogos. Los diez mandamientos tal y como los conocemos parecen haber sido redactados durante la etapa babilónica, cuando se recopilaron el conjunto de tradiciones, mitos propios y aportes de otras mitologías que forman la Biblia tal y como la conocemos. En cambio el primer decálogo** parece corresponder a la época en que Israel era un pueblo de pastores seminómadas, e incluye perlas como

34:19 Todo primer nacido, mío es; y de tu ganado todo primogénito de vaca o de oveja, que sea macho.

Llegamos al quid de la cuestión. Esta línea, la miremos por donde la miremos, iguala a los primeros nacidos con los primogénitos del ganado. Y los iguala como ofrendas a Dios, es decir, Dios exige el sacrificio de los niños primogénitos. Y tras esa línea hay otra:

Pero redimirás con cordero el primogénito del asno; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. Redimirás todo primogénito de tus hijos.

Lo que, traducido, significa, aceptaré un sacrificio sustitutorio para asnos y niños***. Y de paso se subraya que el sacrificio referido al principio es de sangre: quebrarás su cerviz.

Un creyente, que acepte la verdad literal de la Biblia, debería interpretar que su Dios, el amoroso, recibia con placer sacrificios humanos, y luego se le pasó el hambre de carne humana. Como esa visión de Dios no les gusta, buscan una salida dialéctica o, directamente, fingen que no ha pasado.

Un estudioso de verdad, no un creyente ciego, ve aquí una evolución del pensamiento religioso, como consecuencia de los cambios sociales. Tenemos un pueblo bastante primitivo, de pastores nómadas y saqueadores, que exterminan a sus vecinos por mandato divino y sacrifican a sus hijos primogénitos, igual, por cierto, que otros pueblos emparentados como los fenicios. Pasado un tiempo ese pueblo entra en contacto con otras culturas, y sus costumbres van variando. Llegado un momento el sacrificio humano a Dios deja de ser aceptable (igual que pasó entre los romanos, por cierto) y se introduce un sacrificio de reemplazo.

La historia de Abraham muestra dos reemplazos: por un lado el patriarca impone la circuncisión, que no es sino un sacrificio simbólico. Por el otro Isaac es redimido a cambio de un cordero. El mito abrámico no es un testimonio de la bondad de Dios sino la justificación, a posteriori, de un cambio de actitud.

Esto es lo esperable para cualquiera que estudie la historia de las sociedades: el sacrificio humano es una característica de las fases primitivas, y desaparece a medida que la vida humana va cobrando valor, social y económico. No hay nada que malinterpretar en la Biblia, salvo que se use como justificación para todo y se insista en que es palabra revelada. Los malentendidos surgen ahí, al intentar endulzar un montón de atrocidades para revestirlas de piedad, y disfrazar a una deidad furiosa y vengativa con unos atributos de amor que no son mencionados ni una sola vez en todo el texto veterotestamentario.

Si de verdad queréis disfrutar de su lectura, leedla con ojos estudiosos, no recitéis como borregos. No son un montón de frases hechas, sino unos textos llenos de interés…

… para una mente crítica

*En realidad, salvo algunas deidades semíticas como Baal o los cultos celtas o germanos, no hay demasiados dioses paganos que exijan sacrificios humanos. No los dioses heleno-romanos, ni los egipcios, ni las deidades babilónicas.

** Los estudiosos lo consideran así porque el primer mandamiento es coincidente en ambos casos: No Adorarás a otro Dios.

***Puede parecer una estupidez pero no lo es: el asno es un animal que trabaja, muy, muy valioso.

LA CUISÍN DE LA TETERA (la hamburguesa blasfema)

La gastronomía, queridos niños, es una de las artes más nobles que conoce la humanidad. Practicada en su forma más básica, satisface una perentoria necesidad, y elaborada con amor y cuidado nos ofrece placeres sin cuento. Y en estas señaladas fechas vamos a presentar una receta que, además de acariciar con deliciosas sensaciones nuestros paladares, nos ofrece el sabroso placer de la blasfemia multicultural. Porque el plato que tenemos a bien ofreceros, digno embajador de la cocina estadounidense ante el mundo, vulnera las prohibiciones alimentarias de la mayoría de los libros sagrados que en el mundo han sido.

THE BLASFEBURGUER

INGREDIENTES PARA CUATRO PERSONAS (customizable, ésta es la versión de luxe)

  • 800 gr de carne de buey
  • 8 lonchas de bacon
  • 8 lonchas de queso cheddar
  • 3 dientes de ajo, sal, pimienta negra, perejil, canónigos
  • Dos cebollas rojas
  • Tres cucharadas de miel
  • 200 cl de jerez
  • 1 tomate
  • Salsa barbacoa importada
  • 4 bollos de hamburguesa
  • Pepsy Light

Como se explica en el vídeo, es preferible que la elaboración corra a cargo de una fémina que esté en esos días del mes, ya que de acuerdo a las normas bíblicas, las tradiciones musulmanas, y normas religiosas y sociales de todo el planeta, la mujer menstruante es impura, y cualquier alimento tocado con sus manos quedará contaminado, pudiendo incluso esterilizar al varón que lo consumiere. Y a todos los que han esbozado esa sonrisita de “como son esos salvajes” les recuerdo que aquí siempre se ha dicho que si la cocinera tiene la regla, se le corta la mahonesa, así que menos risas*.

Aunque la receta se detalla en nuestra dramatización, vamos a exponer brevemente los pasos, junto a las ofensas que infligiremos en cada uno a nuestros amiguitos imaginarios

  1. Picamos la cebolla y la pochamos con miel y jerez, atentando así contra las sectas que claman por la abstinencia etílica, como Testigos de Jehova, mormones y otras gentes que insisten en llamar a nuestra puerta con sonrisa bobalicona.
  2. Mezclamos el buey y las especies ante el horror de todos los hinduistas, ya que Brahma, Shiva y Visnú condenan el sacrificio del ganado vacuno (aunque no dicen nada de corderos, conejos, pollos, patos… hinduistas, que no vegetarianos)
  3. Doramos el bacon para nuestra eterna condena, ya que judíos y musulmanes reniegan del cerdo, animal impuro por excelencia.
  4. Hacemos nuestras hamburguesas en la grasa rezumada por el bacon, colocamos éste sobre la carne y, con él, unas lonchas de queso, vulnerando un sagrado principio del judaismo, que es el de no mezclar jamás los lácteos con la carne.
  5. Preparada ya nuestra blasfeburguer, procedemos a devorarla con fruición EN VIERNES DE CUARESMA, que es cuando la Santa Madre Iglesia prohibe terminantemente el consumo de carne. Por supuesto podemos comernos una blasfeburguer en cualquier otro día de la semana, pero la palatabilidad se resiente sin ese pecaminoso aderezo.
  6. Acompañamos nuestro menú con una Pepsy Light, bien petadita de fetos humanos…mmmmmmmm…el refresco de los campeones, la pesadilla de los antiabortistas.
  7. Como colofón, recomendamos el uso de salsa barbacoa importada, ya que en EEUU este producto se elabora a base de maíz transgénico, lo que la hace ideal para provocar la ira de todos los abrazaárboles.

Por supuesto no faltará el que diga eeeeehhhh, no hay cojones para meteros con los budistas, a lo que tenemos que decir, ya nos gustaría, ya, pero es que los jodíos, pese a su inmerecida fama de vegetarianismo, en realidad no tienen ninguna prohibición alimentaria real… ¿será por eso que a buda siempre se le representa así como orondo y feliz?

Y nada más, querido público. Ya sabéis, disfrutad de la buena mesa, con la satisfacción de condenar vuestras almas ante todas las religiones habidas y por haber.

*Evidentemente, si ninguna de nuestras compañeras está disfrutando en ese momento del placer de ser mujer, oler las nubes y esas cosas, dara igual el sexo de la persona encargada de elaborar la blasfeburguer.

 

¿POR QUÉ SOY ATEO? (II)

Ya he expuesto los motivos que pueden llevarte al agnosticismo. Pero yo no me describo como agnóstico, sino como ATEO.

¡Pero no puedes demostrar que Dios no existe!

He oído ese argumento mil veces, y me sigue pareciendo tan vacío ahora como la primera vez. Claro que puedo demostrarlo. Basta con demostrar que ese dios concreto es obra de los hombres, porque, por propia definición, un dios no puede ser una creación de sus seguidores. Y eso es fácil de hacer.

Yahvé, deidad de las tres grandes religiones monoteistas actuales. La evidencia de su existencia y, según los fanáticos, su grandeza, es la palabra revelada, es decir, el Libro. Pues si cojemos ese libro, sin más, no necesitamos mucho esfuerzo para entender que la palabra es falsa. Ni la Tierra tiene 4000 años, ni los humanos surgen de la nada, ni la Tierra es el centro del Universo, ni hubo un diluvio que anegara el planeta por encima de las montañas, ni… es más, el texto, por si mismo, evidencia diversas etapas en su redacción y recopilación, y es posible seguir el origen de sus mitos y verificar que son préstamos relativamente modernos de religiones más antiguas y totalmente ajenas al dios de los judíos. Es decir, la Biblia es obra de los hombres, y ni siquiera es una obra demasiado sólida.

Podemos repetir el mismo proceso con cualquier deidad concreta, y llegamos al mismo punto: los dioses son obra de los hombres, ergo, son falsos. Del mismo modo que puedo afirmar que no existen Thor, Zeus o Anubis, puedo demostrar que no existen Aláh, Yahvé o Shiva

Bueno, pero es que los cristianos no creemos en el Dios del Antiguo Testamento sino en Jesus.

No, queridos, no. Sin el Dios bíblico, Jesús sólo es un hombre. Muy majete y buenrollista, pero sólo un hombre. Luego si el AT no es más que un montón de cuentos mal escritos, el cristianismo es un cascarón vacío.

Pero no puedes demostrar la inexistencia de una deidad no concreta, un poder benéfico del universo, una energía, un llámalo X, un algo…

Ahí os estaba esperando. Ese es el argumento más estúpido de todos. No, no puedo, porque no lo necesito. Para que la respuesta a una pregunta sea X, ésta debe ser igual de valida al menos que el resto de las respuestas posibles.

La reina Cretina de Grecia (perdón, Sofía de Grecia) dijo Se ha de enseñar religión en los colegios, al menos hasta cierta edad: los niños necesitan una explicación del origen del mundo y de la vida. No dudo que la necesiten, pero no necesito el concepto Dios para explicar esas cosas. El origen de la humanidad (y de las especies vivas modernas y extintas) se explica mediante la teoría de la selección natural. La inteligencia no requiere ninguna intervención milagrosa, sólo un crecimiento suficiente del cerebro y cientos de miles de años de evolución cultural. El origen de la vida se puede explicar mediante simple bioquímica. El de la Tierra es una cuestión de polvo estelar, masa y gravedad, y en cuanto al universo, los físicos han logrado llegar en sus cálculos al instante mismo de su inicio, hace 14000 millones de años. Sabemos qué ocasiona la luz. Sabemos qué son los colores. Estamos empezando a entender qué es la masa.

Nadie nace creyendo en Dios. NADIE. La idea de Dios es inculcada en la mente de los niños por los adultos, igual que la de los Reyes Magos, Santa Claus o el Ratón Pérez. Luego bastaría con no hacerlo para que la religión se extinga como una vela, del mismo modo que si dejamos de hacer el paripé con los dientes y las almohadas el Ratón Pérez y el Hada de los Dientes se borraran de nuestra imaginación sin dejar rastro. Y ambas cosas sucederían en una única generación.

La explicación religiosa pudo tener sentido hace cientos de años, cuando no había otra. Pero hoy por hoy no es válida porque tenemos otras que sí lo son. Y, lo que es mejor, no es necesaria tragárselas ciegamente, porque podemos poner a prueba su validez. Y si nuevos datos reales invalidan una respuesta, a su vez el estudio de esos datos darán nuevas respuestas, del mismo modo que cada descubrimiento, en vez de fosilizarse y calcificarse como la religión, abre nuevas puertas y plantea nuevas preguntas que ni siquiera existirían si aceptáramos la validez de la respuesta Dios.

Todas y cada una de las explicaciones religiosas sobre el mundo han sido refutadas por la ciencia. Actualmente los teístas, los agnósticos perezosos y los fanáticos bíblicos se aferran no ya a sus creencias, sino a los puntos aún no explicados, en la idea de que si la ciencia no ha aclarado algún detalle de algo, por nimio que sea, ese detalle demostrará la existencia de Dios. Hace años presentaron ante un juez el flagelo de las bacterias como la prueba irreductible de la necesidad de un creador. Los científicos, en vez de aceptar ciegamente su explicación, se limitaron a explicar, paso por paso, cómo surge el flagelo bacteriano. Ahora dicen que no podemos saber que pasó antes del Big Bang luego tiene que haber un Dios. No sé si lo llegaremos a saber alguna vez, pero sí sé cómo no llegaremos a saberlo jamás: aceptando su respuesta y dejando de buscar la correcta.

La última trinchera de los religiosos es que el temor de Dios es necesario para sostener la moral y la honradez, pues sin su mirada amorosa (y la amenaza del sufrimiento eterno, ya de paso) el hombre cae en el barro. No voy a dar ejemplos de la moral y honradez de los ateos. Ni siquiera de la mía. Me basta con ser consciente de que hasta el siglo XIX no hubo ateos, luego todos y cada uno de los crímenes cometidos en los últimos cuatro milenios, desde el nacimiento de las civilizaciones hasta los comienzos del siglo XIX fueron cometidos por gente religiosa, que creía firmemente en un dios, o incluso en muchos, y los más atroces de esos crímenes contaron con el beneplácito (teórico) de esos dioses. Luego la idea de la deidad tampoco sirve de mucho como garante del bien.

Resumiendo, no necesito demostrar la inexistencia de llámalo X, porque no necesito a llámalo X para nada. No hay espacio para él: no explica nada, no aporta nada. Lo dijo Laplace, cuando Napoleón le preguntó porqué no nombraba a DIos al exponer su estudio sobre la gravedad y los movimeintos planetarios: Sire, nunca he necesitado esa hipótesis.

Nosotros tampoco la necesitamos. Y no necesitamos explicar algo innecesario. Si tu respuesta es Dios, tu pregunta simplemente está mal planteada.

Por eso soy ateo.

POR QUÉ SOY ATEO (I)

Bueno, por si alguien aún no se ha enterado (hay gente muy despistada en la red) haré una declaración: soy ateo. No agnóstico ni indiferente ni no practicante ni ninguna de las etiquetas comodas y políticamente correctas que te encuentras por ahí. Ateo. Rotunda, positiva, activa y enérgicamente ateo.

Puntualizaré el término activamente. No es que tenga previsto entrar en la Almudena con un Kalashnikov y abundante munición, disparando contra todo aquel que levante las manos al cielo y me diga ¡no me mate, por el amor de Dios! Ahí como mucho entraría con una bola de demolición, porque esa catedral es un engendro lamentable y un bombardeo con napalm me parece la mejor manera de mejorar su estética. Lo que quiero decir es que defiendo mi postura de forma activa y racional, colaboro en actividades a favor de la separación efectiva entre el estado y la religión y denuncio el abuso de poder y la perniciosa influencia de las religiones organizadas en nuestra sociedad.

El caso es que soy una persona muy dada a comerme el coco y ya hace tiempo que me dediqué a rememorar los pasos que me llevaron desde la fe aborregada del niño educado en el catolicismo al ateismo militante. Los que me conocen por encima supondrán que no hay demasiado que especular al respecto: de niño los curas de mi colegio me educaron a fuerza de hostias ergo me volví ateo.

Deducción sencilla y elegante, pero falaz. Por supuesto cobré lo mío y lo de mi primo, pero no me cuento entre los niños más apaleados de clase, ya que era un estudiante tirando a bueno. Además, la bilis de un montón de frailes amargados te quita la fe en los frailes, no en Dios. Si no fuera así este país se habría llenado de ateos ya en el siglo de Oro, porque los curas llevan aplicando con saña lo de la letra con sangre entra desde hace cienes y cienes de años.

Mi primer paso hacia el ateismo fue el muermo. Porque en cuanto tuve un poco de raciocinio fui muy consciente de que las misas eran aburridísimas, y a medida que fui creciendo lo hizo el tedio. El mismo tedio que tenía, por cierto, uno de los curas que me confesaban porque fuera cual fuera el volumen de pajas que declarase ante el confesionario, siempre me respondía mmmmrssszzzzzcincopadrenuestrosyunavemaríajjjzzzzzzzzzz… antes de seguir durmiendo.

Vamos, que un día tuve que ser sincero conmigo mismo y aceptar que la religión es un peñazo. Pero de nuevo debo decir que eso no te lleva al ateismo, sino a las posturas antes citadas, las comodonas. Buena parte de la gente que se describe a sí misma como católica en las encuestas añade después la coletilla no practicante, lo que traducido al castellano crudo viene a significar para echar la siesta me tumbo tan ricamente en el sofá, no en un banco de misa, que están duros y el cura luego te mira mal y total por unos ronquiditos de nada.

¿Exagero? Visitad cualquier iglesia de pueblo (se supone que la fe es más profunda en el medio rural, siempre me he preguntado porqué*) durante la temporada lectiva de misas, esto es, fuera de las fiestas del santo patrono. Sólo veréis a una docena de viejecillas murmurando ycontuespíritu y desafinando el quealegríacuandomedijeeeeeeronnnnnnn. El resto del pueblo no pisa la iglesia más que cuando hay permiso para hacerlo borrachos.

La pereza es asimismo la responsable del agnosticismo, ya que el que se declara agnóstico en general quiere decir en realidad no me creo una mierda de lo que dicen las curas pero me da demasiada pereza pensar el porqué. Sumado, en ocasiones a esa manía de querer contentar a tirios y troyanos y que se traduce en memeces del tipo todas las creencias/ideas/costumbres son respetables (lo que es otro indicio de pereza, porque muchos de los que sueltan esa flor por la boca son incapaces de articular una sola idea correctamente razonada)

Por cierto, y al hilo del anterior párrafo, las creencias/ideas/costumbres no tienen porqué ser respetables, del mismo modo que no tienen porqué serlo las personas. Pasado el primer hola, el respeto hay que merecerlo.

(Continuará)

* Porqué se supone eso, no porqué es más profunda, ya que tengo muy claro que no lo es.

4000 veces gracias, Santidad.


Leyendo acerca del simposio eclesial sobre pederastia celebrado en Roma no puedo por menos de sentirme sorprendido por algunas incongruencias que veo en la noticia.

Por un lado tenemos los datos ofrecidos, confesados quizás, por el cardenal Levada. 4000 casos estudiados por la Congregación para la Doctrina de la fe en 10 años, es decir, más de un nuevo caso al día durante la última década. Y esos son los sucesos de los que se tiene constancia, es decir, la punta del iceberg. El mismo mitrado reconoce que la respuesta eclesial fue inadecuada y que se requiere una profunda renovación de la Iglesia en todos los niveles.

Hasta aquí nada que objetar, se admite una situación excepcionalmente grave y se asume, al menos de palabra, la responsabilidad de la institución que cobijó estos abusos. Pero, a continuación, el prelado afirma que Benedicto XVI debería haber recibido la gratitud de toda la Iglesia y de fuera de ella” por la labor realizada y su decisión de “tolerancia cero” con la pederastia.

Vamos a ver, eminencia. Nuestro amigo alemán lleva en la silla de San Pedro siete años, y de creerle a usted, al menos tres antes de ser Papa en lugar del Papa estaba dedicado en cuerpo y alma a combatir la pederastia en la Iglesia. En ese tiempo, ustedes han confesado cuatro mil abusos. No uno ni dos: CUATRO MIL. Llámeme tiquismiquis, pero ¿se puede saber qué es lo que le debemos agradecer a Su Santidad? ¿que los sacerdotes han tenido más vaselina a su disposición y así a los niños les ha dolido menos?

Por cierto, menciona usted una política denominada Tolerancia Cero, y no me cuadra. Si ustedes han tenido noticia de 4000 sacerdotes pederastas ¿porqué esos 4000 no han sido denunciados? ¿O acaso Tolerancia Cero significa dejarles sin postre para que escarmienten? Y ¿porqué se permite que un obispo cargue impunemente las culpas sobre las víctimas? Porque esas declaraciones PÚBLICAS tuvieron lugar en 2007, cuando ya estaba en vigor la Tolerancia Cero, y no han sido condenadas por la conferencia episcopal española.

Se habla del camino procesal para que los sacerdotes culpables de abusos dejen de serlo y se añade que en algunos casos debería acelerarse. Luego debemos suponer que en la mayoría de los casos ese proceso es lento, ¿no es así? Bueno, ustedes tienen derecho a ser todo lo lentos que quieran en retirar la ordenación a un violador con sotana: doctores tiene la Iglesia, dicen. Pero mientras lo hacen podrían entregar a la JUSTICIA la información sobre esos delitos de los que tienen conocimiento. Si mal no recuerdo, Jesús dijo, dad a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César, y dado que la pederastia, además de un pecado, es un CRIMEN ante la Ley, debe ser juzgado por los tribunales que representan a esa ley. A ser posible en un plazo inferior a los veinte años, por aquello de que, por un quítame allá estas pajas, el delito prescriba y las víctimas vean como su abusador sale impune a la calle.

Porque las víctimas les preocupan ¿no? La curación de las víctimas deber ser la preocupación prioritaria de la comunidad cristiana. Claro que, siendo muy mal pensado, me pregunto qué es lo que la comunidad cristiana tiene que andar curando, porque que yo sepa los abusos no se curan con rezos ni bendiciones, sino con ayuda médica. ¿O se refiere usted a curarles de esa fea costumbre de señalar con el dedo a sus violadores? Porque está muy mal ser acusicas, en vez de acudir a confesarse para salir con el alma limpita. Francamente, si yo fuera una víctima, procuraría mantenerme lo más alejado posible de esa comunidad cristiana que lleva décadas encubriendo a los delincuentes.

¿El Papa quiere que le estemos agradecidos? Que se deje de medias tintas, de llorar por las víctimas o de convocar congresos. El primer paso es denunciar a los violadores. Basta de esconder a los pederastas, trasladándolos de parroquia en parroquia, de colegio en colegio, para que sigan disfrutando de carne fresca mientras ustedes se dedican a debatir interminablemente. ¿Respuesta coordinada y adecuada? Sólo hay una: abran las puertas a los fiscales, asuman la responsabilidad por lo que han hecho y siguen haciendo a diario sus subordinados, amparados en los privilegios de su institución, y que sea lo que Dios quiera ¿o acaso no confían ustedes en la providencia del señor?

Un consejo. Dice usted que los futuros sacerdotes deben ser formados en la apreciación de la castidad y el celibato. Francamente ¿no ahorraríamos todos tiempo y dinero si los seminaristas fueran castrados antes de su consagración? Al fin y al cabo, se supone que sus testículos no van a usarse en tareas reproductivas y, con la sotana puesta, no se marca paquete, luego tampoco cumplen ninguna función estética. Por añadidura, así podrían seleccionar mejor a su personal, ya que ese pequeño sacrificio disuadiría a muchos jóvenes de abrazar de abrazar en falso y por motivos erróneos una vocación que les viene grande.

No quiero ser ingrato. Dice usted que le debemos agradecimiento al Papa por su firmeza. Pues que nadie pueda llamarnos desagradecidos. Muchas gracias, Santo Padre.

Muchas gracias por nada.

EL FORNICIO Y LA IGLESIA (una reflexión teológica)

Puede sorprender que volvamos a mencionar tan seguido al obispo cordobés, pero dado que éste no ceja en su verborrea ante los medios, no veo porqué nosotros no podemos seguir comentándo sus ocurrencias. Empero, no voy a hablar demasiado de las últimas majaderías que ha soltado la sotana mayor de Córdoba. Por una parte, porque otros lo han hecho antes y mejor que yo. Y por otra, porque mi interés reside en el término empleado por esa caricatura de hombre, cuya sesera y pene presupongo mohosos y tumefactos… perdón… lo he visualizado con demasiada nitidez… creo que voy a vomitggglbrrrgf… perdón.

Debo decir que el mío no es interés morboso sino caritativo. Sólo quiero ayudar a la Santa Madre Iglesia porque la homilía del mitrado muestra lo mal que entiende la clerecía los placeres de la vida.

Fornicio, dice. Valiente majadero.

Del latín fornices, arco en su sentido arquitectónico, por los que sostenían los soportales donde las meretrices aguardaban a sus clientes. La elección de ese palabra nos da pie a introducirnos en la mente del señor obispo (puag) y ver las cosas a través de sus ojos (repuag): para él (y la institución que representa), el sexo es una actividad  clandestina y sucia, ejercida en rincones oscuros o lupanares escondidos. Lupanares que, por otra parte, dieron muy buenos dividendos a la Iglesia, ya que durante siglos esta sacrosanta institución administró locales públicos y cobró diezmos de esa lucrativa actividad. Pero no nos desviemos del tema. La cuestión es que, para el atrofiado cerebro del señor Demetrio, todo lo que no sea cópula reproductiva y bendecida previo paso por el altar, es fornicio.

Pues mire, señor mío. O suyo, que yo no quiero nada con usted. No se llama así, sino folleteo, del verbo follar, del latín follicare, y no es sucio, ni clandestino, sino saludable, divertido y repleto de posibilidades, un vergel para mentes inquietas y exploratrices.

Las almas ensotanadas, para su desgracia, no se caracterizan por su inquietud intelectual, más bien todo lo contrario. Su idea de la coyunda (ahora lo llaman relaciones sexuales o sexualidad, la propia terminología da bostezos), se reduce a introducir un pene en una vagina y menearlo hacia adelante y hacia atrás unos minutos (no muchos, supongo, más de cinco se considerará vicio) hasta soltar un lecharazo, por supuesto sin condón, y no con animus jocandi, sino con la idea deliberada de fertilizar algún óvulo descarriado. Y ya está.

Que conste, nada tengo en contra de la cabalgata del misionero. Bueno, cabalgata, lo que se dice cabalgata… sospecho que tras unos años de  –santa– cópula misioneril, la cosa se queda en un trotecillo cochinero, lo que viene a ser un portantillo*, para entendernos. Pero, sea cual sea el símil equino, es una opción muy limitada. Tiene que haber mucho más. Lo hay, de hecho. Y ahí la Iglesia debería ver una oportunidad evangelizadora donde sólo vislumbra pecado.

Pensemos en una de las actividades follandiles más chulas, y de las más denostadas desde los púlpitos: la gastronómica. Ergo, comerle a tu partenaire (o partenaires) los bajos. Para el ojo no experto puede parecer tan sólo una actividad preliminar. Craso error.

El término preliminar presupone que el objetivo del trabajo bucal es preparar el plato fuerte. A veces es así, no lo niego, pero también es un buen modo de disfrutar sin más, con el único objetivo en mente de seguir jugando con nuestra boca hasta el final. ¿Buen, dije? Excelente, sobresaliente incluso. Comerse un precioso y profundo coño o una enhiesta y firme polla es un modo fantástico de matar el rato, mucho mejor que ver el Hormiguero o jugar al Apalabrados.

Dicho sea de paso, hasta ahora no he tenido nunca un rabo en mi boca, así que alabo la maniobra sólo de oídas, pero la vida puede dar muchas vueltas y no descarto conocer de primera lengua ambas experiencias. ¿Para mi condena eterna? Pues bueno, pues vale, pues me alegro. Para usted la perra gorda.

La gracia de las prácticas bucales es que, pese al desagrado con que son contempladas por los sacerdotes, entran perfectamente dentro del más puro espíritu cristiano. Porque lo molón de sacarle brillo a genitales ajenos, es que no eres tú la persona que disfruta, sino el otro. Vale, sí se disfruta. Al menos yo lo disfruto, es embriagador para el tacto, el gusto y el olfato. Pero si hacemos bien nuestra parte quien se corre es el otro, eso es impepinable. Es decir, cuando hago un cuni o una mamada, estoy dando, no recibiendo. Y ese es el espíritu del cristianismo: hacer al otro lo que quisiéramos para nosotros. Lo que, por desgracia, deja fuera de la ecuación al mutuo rechupeteo: ahí hablamos de un quid pro quo, no de altruismo follil.

Planteémonos las posibilidades que desprecia la iglesia al rechazar tan santa acción. Podría presentársela como ejemplarizante obra de caridad y muestra del más puro y santo amor. Porque el mandato de Cristo era dar de comer al hambriento y de beber al sediento. Y vestir al desnudo, supongo que después de, por aquello de no coger frío.

¿Otras ventajas del repaso de bajos? A nivel de catequesis, muchas. Los cursos prematrimoniales se caracterizan por lo escaso del repertorio sexual que ofertan a los futuros cónyuges, así que toda ampliación del catálogo será bienvenida y repercutirá en un aumento de la asistencia, que hoy por hoy es más bien escasa (apenas un par de amigos míos creyentes reconocen haber asistido al curso de principio a fin). Asimismo beneficiará a los sacerdotes encargados de aleccionar a los contrayentes, ya que para hacer bien su trabajo tendrán que documentarse, y acrecentar el saber siempre es placentero.

Hemos hablado sólo de la chupadita, pero hay tantas otras posibilidades litúrgicas… ¿qué me dicen del coíto anal como metáfora del sufrimiento por la verdadera fe? o la elegancia del bondage para escenificar las pías estampas de mártires y crucificados, que de por sí ya incluyen una buena cantidad de cuerdas, suspensión y parafernalia SM. Señores obispos, están ustedes desperdiciando el entusiasmo popular al obstinarse en pasear una y otra vez los mismos pasos apolillados de Semana Santa.

Y no se trata sólo de ejemplarizar al creyente o atraer al público en general. La bendición del folleto variado sería un aliciente para la recluta de nuevas vocaciones, escasas hoy en día, por no decir paupérrimas. Abran la mente, y los jóvenes acudirán en tropel a conventos y seminarios, tan necesitados de calor humano.

Pero eso requiere un cambio de actitudes. Basta de ofender a los folladores, por favor, nuestros actos rezuman bondad, caridad, incluso fe (uno siempre siempre tiene fe en que el siguiente polvo molará incluso más que el anterior). Cualidades cristianas, virtudes teologales, incluso. Así que, amigos, recuerden…

Que no es por vicio, eminencia,
no es por vicio.
Pues practicar el fornicio
apacigua las conciencias
y alegrar los orificios

es bien cristiana tarea.

*Dícese del paso corto y apresurado del pollino

¿Que no querías caldo? Toma dos tazas

Estos días, la conferencia episcopal ha dado algunas recomendaciones al futuro gobierno del PP. Recomendaciones, por supuesto, no directrices, porque ellos sólo aconsejan. Una postura muy tradicional, de hecho. La inquisición no ejecutaba a sus reos, sólo los entregaba a la justicia civil, aconsejando algún remedio para la salvación de sus almas (como la hoguera, ideal para redimir al pecador más recalcitrante)

El caso es que nuestros queridos obispos están muy preocupados con la crisis. Y han encontrado la clave de nuestros problemas. Que no es la la codicia del capitalismo sin frenos, no, sino la pérdida de valores cristianos. Y, como no, han encontrado la solución a todos nuestros problemas: más clases de religión en colegios e institutos públicos.

Como respuesta a la actual situación de los mercados financieros puede parecer  insólita, pero es  que cuando la iglesia se refiere a la crisis, no habla de la misma crisis que el resto. O sea, hablamos de una organización que se embolsa 10000 millones de euros anuales de las arcas estatales, a ellos las dudas de los mercados se la sudan. No, los obispos se refieren a la suya propia, la que les ha llevado en menos de una generación de un 95% de católicos practicantes a un 40%. Sin embargo ambas crisis tienen una cosa en común, o mejor dicho, lo tienen las soluciones propuestas.

La crisis económica nace de la codicia de las entidades financieras ¿solución de los gobiernos? Echar dinero a paletadas en las fauces de esas entidades. Y para solucionar la crisis religiosa los obispos han acudido al consabido remedio de si no querías caldo, toma dos cazos

La solución propuesta por la iglesia carece de eficacia. La gente no ha abandonado las iglesias porque una conspiración de judeomasones les haya forzado a renegar de su fe a punta de pistola, ni porque una oleada de racionalismo haya apagado la brillante llama de la fe. Lo ha hecho porque la religión es, literalmente, un muermo. Existen pocas cosas más aburridas que asistir a misa a escuchar las mismas frases en el mismo orden con el mismo tono monocorde domingo tras domingo. Aguantar tres años de catequesis antes de la primera comunión, en general ofrecidas por señoras con demasiado tiempo libre y escasa cualificación intelectual resulta un verdadero ladrillo. Las clases de preparación al santo matrimonio son vistas por la mayoría de las parejas que se casan por la Iglesia como un tramite soporífero cuando no como una ocasión para los chistes y la hilaridad mal contenida, lo que hace que la mayoría procure saltárselas. Y para conseguir que la gente vuelva al redil el buen Rouco quiere meterles más de lo mismo, en dosis industriales, y además pretende que el tedio se universalice a costa del erario público.

Querido señor Varela ¿De verdad desea usted que la gente acuda en tropel a las iglesias? Empiece por quitar las telarañas, hombre de Dios. Adecéntelas con vivos colores, ofrezca una consumición decentita (la sagrada forma será sagrada, pero no llena nada) y ponga buena música, que el orfeón de ancianas acompañadas por la monja de la guitarra espanta al más pintado. Y dele vidilla a la misa, que más que una celebración parece una clase de gimnasia para la tercera edad (aún recuerdo mi pasmo cuando don Deogratias, el párroco de la Araucana en los 90, puso carteles para que la gente supiera cuando debía arrodillarse/sentarse/levantarse y lo hicieran al unísono y en buen orden)

Tome ejemplo de esas celebraciones evangélicas repletas de posesiones del Espíritu Santo, glosolalias y marcha, que uno no es creyente, pero cuando escucha una misa gospel  no puede tener los pies quietos. Y ya puestos, ponga un torno en la puerta  y cobre la entrada, a ver si así solucionamos el espinoso tema de la financiación eclesial.

Pero déjese ya de catequesis y clases de religión. Con eso sólo logra espantarse la clientela, porque si ya los niños de primaria acaban hartos de oir las mismas ñoñeces un día sí y otro también (y doy fe de ello*) en cuanto los chavales empiezan a notar las primeras fiebres hormonales, predicar la castidad y la abstinencia es el mejor modo de convertirse en objeto de burla y rechifla. Con lo que no sólo habrá que pagarle el sueldo al profesor, sino que además tendremos que financiar largas horas de terapia para que recuperen la autoestima entre curso y curso.

Hablando en plata, señores obispos, no es su dinero de ustedes el que se están gastando, así que al menos no lo desperdicien. Inviertan en algo eficaz, algo que de verdad atraiga feligreses. Ofrezcan una tapita con la comunión, vinito incluido, que eso de que el cura sea el único que bebe resulta de lo más injusto. Actualicen el cancionero, que ya nos lo sabemos. Pongan calefacción, que se les enfrían las viejecillas, y son su principal apoyo. Porque cuando se muera esta generación de abuelas se van a ver en un grave problema, ya que no hay relevo de ancianitas

Y si se van a empeñar en meter clases de religión, intenten no amuermar a los niños, que luego se les escapan en cuanto hacen la comunión y les regalan la Play.  Y si no hay niños ¿a quién se follarán evangelizarán entonces?

* V, compañera de mi hijo, hizo la comunión hace un par de años. Un mes después informó a su madre que había decidido cambiar de religión y pasarse a la de mi hijo. Cuando la madre me lo dijo, yo respondí, pero si mi hijo no va a religión y ella me dijo, pues eso, ha visto que no va a clase de religión, ni a catequesis, ni a misa, y ella tambien se apunta a lo mismo.