Los “provida” han condenado a muerte a Beatriz

En El Salvador el pensamiento mágico, y por tanto irracional, de los colectivos “provida” o, mejor dicho, anti libertades de las mujeres, se hizo ley. En El Salvador el aborto es ilegal en todos los casos.

En El Salvador no puedes interrumpir un embarazo en caso de ser el fruto de una violación ni aunque la mujer sea menor de edad y el padre sea, por ejemplo, su padrastro. No se puede aunque el feto tenga alguna malformación congénita que le va a suponer la muerte a los pocos días de nacer o, como en el caso de Beatriz, aunque el embarazo pueda suponer la muerte de ambos: madre y feto. Este es el nivel de absurdo al que llegan los “promuerte”. En su estúpida paranoia de talibanes de la fe católica están dispuestos a aceptar la muerte de una mujer como mal menor antes que permitirla abortar. Son tan estúpidos, tan cínicos y fanáticos, que defienden la muerte en nombre, dicen, de la vida. Y les dará igual que Beatriz muera.

Porque les importa una mierda Beatriz al igual que les importan una mierda las mujeres. Para ellos las mujeres son esa cosa que envuelve el útero, del cual no son propietarias siquiera. En el útero mandan los enviados de un dios, uno tan estúpido e inexistente como los demás, pero es el de estos flipados de la vida. Y como su delirio colectivo les ha dicho que Beatriz debe morir, Beatriz morirá.

Si quieres hacer algo, aunque sea poco, o aunque sea lo suficiente, firma en Amnistía Internacional.

Las religiones y la muerte; esas aves carroñeras

No le voy a contar ningún secreto; todos nos vamos a morir. Mis seres queridos, los suyos, mis perros, su gato si lo hubiere, usted y yo. Tarde o temprano, esperemos que tarde, a todos nos da por morirnos. No es que sea algo divertido, además es algo muy caro, al menos en Madrid, gracias a la maldita tradición de guardar todos los cuerpos pútridos de nuestros seres queridos en cajas de madera en un parque público. Solo nos queda un consuelo. Saber que, llegado el día que la fría mano de la muerte, esa puta, nos toque para jodernos bien jodidos, habremos vivido lo más plenamente que hayamos podido. Aprovechemos el tiempo, amemos, divirtámonos, logremos ser felices en la medida que nos dejen, o aunque no nos dejen, y disfrutemos del día conocedores de que vamos a morir.

Las religiones también son conscientes de que vamos a morir. Todas ellas se fundamentan justamente en ese temor, que no lo es tanto a la muerte sino a perder a todos los seres que amamos y a causarles el dolor que sabemos que les vamos a causar cuando mordamos el polvo. Y se aprovechan de ese miedo. ¿Qué mejor modo de dominar a masas de personas que un temor tan fuerte como este? Y ya, si le sumamos castigo eterno, redención, pecados, bulas y ritos mágicos en torno a la muerte mejor que mejor. Ya tenemos el pack completo.

En el mismo instante de fallecer una persona, y en muchos casos antes incluso, el olor a cadáver atrae a las aves carroñeras. En España además van de negro, como buenos buitres. Aún con el cuerpo caliente la máquina de obtención de dinero, de uso del sentimiento de culpa para el interés propio y del chantaje emocional a las personas que han perdido a su ser querido se pone en marcha. Misas, que no son gratis, ceremonias por el alma, que no son gratis, y misas aniversario, que tampoco son gratis, es la primera pieza de la lista de la compra. Luego vendrán enterramiento, que en ciudades como Madrid puede suponer 4 ó 5.000€ en un santo lugar, faltaría más, no sea que a usted le de por enterrar a su difunto en su jardín y no podamos sacar tajada de ello y un largo etcétera.

Antiguamente la muerte servía para oprimir a las masas. Las religiones y los estados lo utilizaban como arma psicológica. Ahora no tanto, aunque va por barrios, pero han diversificado el negocio. Ya no solo sirve para dominar a la chusma, también para sacarle hasta el último cuarto en pro del descanso del alma inmortal del ser amado. Porque si el alma fuera mortal no podrían estar haciendo misas aniversario hasta que el que las paga se muriera y volviera a comenzar el ciclo completo.

La muerte es un negocio para las religiones y una fuente de tristeza para las personas. El amor por la persona que se ha ido nos hace ver la muerte con un respeto que no se merece. Moriremos, si. Aprovechemos el tiempo mientras, y llegado ese día sepamos que hemos de seguir adelante (al menos todos menos el difunto).

No nos tomemos la vida en serio porque ninguno va a salir vivo de ella.